La previsible desilusión tras el «Brexit»

La dimisión de la ministra británica del Interior, Amber Rudd, es un nuevo aviso para todos aquellos que piensan que, con el mero hecho de depositar un voto en una urna, se puede frenar cómodamente la inmigración y verlo todo en una tablet al confort del hogar y con pantuflas. No, amigos. Todo es mucho más complicado que deleitarse con la lectura autocomplaciente de esos medios atiborrados de mentiras sensacionalistas a gusto. «Fake news», se llaman ahora. Ni va haber deportaciones masivas ni la Legión está a punto de entrar en Barcelona.

En Europa occidental los políticos deben tanto al modelo económico que disponen de un margen de maniobra muy escaso. El que Rudd quisiera hacer cumplir la ley británica, deportar a los inmigrantes que llegaron de forma ilegal al país, le ha costado su cabeza. May ha elegido a un paquistaní para suceder a la ministra. Toda una declaración de intenciones.

El oeste de nuestro continente es un pozo negro de multiculturalismo y mestizaje. Esto ya no es una amenaza, es una realidad. El desembarazarnos de la ponzoña globalista no va a ser nada fácil. No se han puesto las medidas oportunas para evitarlo, como parece que sí se están poniendo en Europa central y del este. Aquí hacen falta políticos valientes y ciudadanos dispuestos a asumir sacrificios.

Carlos Díaz

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