Trump se queda sin «fuego y furia» en Corea

La pérdida de peso político de los Estados Unidos en los últimos años se ha acentuado con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. El deshielo y acercamiento entre las dos Coreas se ha producido al margen del polémico magnate. Ridículo aislamiento norteamericano certificado en los pasados Juegos Olímpicos de Pieonchang.

Trump se agarra a sus misiles «bonitos e inteligentes» y a Macron para maquillar el declinar de las estrellas yanquis en política internacional. Acorralado por los escándalos y en deuda con Riad y Tel-Aviv, el inquilino de la Casa Blanca anuncia a bombo y platillo su próxima reunión con Kim Jong-un. Una cumbre a la que el régimen norcoreano llega con los deberes hechos -el anuncio de su presunta y poca creíble desnuclearización- sin que el histrionismo de Trump haya sido, en modo alguno, determinante.

Ángel Aguado

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