El voto particular del magistrado Ricardo González pidiendo la absolución de La Manada

«Lo que documentan las imágenes es sexo entre desconocidos, en el entorno clandestino y desapacible del rellano de un portal. Aprecio en los vídeos un ambiente de jolgorio y regocijo en todos ellos».
 
Es el resumen que el magistrado Ricardo González hace sobre el contenido de los vídeos en el voto particular en el que se decantó a favor de la absolución de los cinco jóvenes sevillanos.
 
González, que dedicó 237 páginas de las 371 con que cuenta la sentencia a su voto particular, se muestra especialmente duro con el fallo condenatorio de los otros dos miembros del tribunal, con la denuncia de la chica y con el modo en que se desarrolló un proceso en el que, según él, ha habido un «innegable, por notorio y evidente, juicio paralelo». «Justicia paralela no es justicia. Justicia sólo es la que se pronuncia en los tribunales tras la valoración de toda actividad probatoria, coincida o no con los a prioris que puedan circular en la sociedad», escribe.
 
En contra de la credibilidad que sus colegas otorgan a la denunciante, González sostiene que «ha incurrido en tan abundantes, graves y llamativas contradicciones que las modificaciones introducidas en su relato durante el acto del juicio oral constituyen auténticas retractaciones». Subraya por ejemplo que aunque en sus primeras declaraciones describió «el expreso ejercicio de violencia sobre ella» e incluso que «intentó zafarse de ambos pero no pudo [se refiere a la entrada al portal]», «sorprendentemente, en la declaración prestada en el acto del juicio oral, niega y se retracta por completo de este relato«.
 
Insiste en que «su afirmación de que no la forzaron; que no intentó zafarse, ni huir, que no gritó, que no le taparon continuamente la boca, ni la tiraron al suelo; su novedosa versión, en definitiva, contradice frontalmente su denuncia inicial». «Difícilmente se puede sostener», considera además, «que la denunciante se hubiera visto imposibilitada de ejercer resistencia ‘ante el temor de sufrir un daño mayor’, pues tal expresión tendría sentido si la denunciante hubiese sufrido un daño previo».
 
Luz Marrero

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