La sentencia de «La Manada» y las paradojas feministas

Salen a la calle, clamando rebanar escrotos y penas de galeras, las turbas feministas. Les parecen poco los nueve años de prisión impuestos a esa chusma comunista de «La Manada». Sin embargo, muchas de esas feministas y «feministos» estimaron muy correctos y ponderados los años de prisión con los que el Tribunal Supremo condenó a los patriotas del «caso Blanquerna». Hasta cuatro años por una protesta en la que nadie resultó herido. Aún recuerdo a Jordi Évole pedir el ingreso en la cárcel de esos ciudadanos que alertaban, allá por 2013, del resultado del «procés».

¡Vaya, el «procés»! ¿Y qué tiene que ver el «procés» con «La Manada»? Pues que muchos y muchas de los que berrean y se han encabritado como histéricas por la condena a «La Manada» son los de los lazos amarillo. Sí, esos que consideran que Oriol Junqueras, Joaquim Forn, Jordi Sánchez y Cuixart son «presos políticos» o que la paliza terrorista a dos guardias civiles en Alsasua es «una pelea de bar». Hablamos de mierda escrita, como el diario «Público», y de una legión de políticos y cargos electos podemitas, es el caso de Ada Colau.

 



 

Luego están las loquitas indignadas que han salido a las calles. Hablamos de las jueces del supremo tribunal de Instagram, las magistradas del tribunal constitucional de Twitter, las letradas y graduadas en Derecho por la universidad de Facebook, las fiscales del hashtag. Aquellas que creen que los artículos del Código Penal son las frases que se pintan en caras, manos o pancartas. Las que piensan que las sentencias deben dictarse a golpe de selfie o bajo la presión de las movilizaciones. Son las que, curiosamente, exigían respeto para la asesina del pequeño Gabriel Cruz, Ana Julia Quezada, porque era mujer e inmigrante. Pero, en esta ocasión, se manifiestan mostrando fotos de los criminales de «La Manada».

Sin embargo, han omitido en su demagogia feminista, en su cartelitos de mierda y en sus chillidos de conejas referencia alguna a los diez argelinos que recientemente retuvieron a una menor en Alicante y, durante 24 horas, procedieron a una salvaje violación grupal. Una auténtica manada de moros violadores que ha pasado inadvertida para buena parte de la opinión pública de nuestro país. Pero ya sabemos que esto de asociar inmigración a criminalidad va en contra del dogma «refugees welcome». Del mismo modo, también se está silenciando el aumento del 30% de las agresiones sexuales en la Comunidad Autónoma Vasca, que coincide con el incremento de la inmigración procedente de países del norte de África.

Francisco Alonso

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