Carta de un hombre al asesino y torturador de sus perros

Las redes sociales y la totalidad de la prensa nacional se han hecho eco de la desgarradora carta de Luciano Pérez Valdivieso. Luciano se dirige al salvaje o grupo de salvajes, de difícil asimilación a la especie humana, que la pasada Semana Santa torturaron y mataron a Linda, Tina, Dana y Dumbo.

Después de su suplicio, los perros fueron lanzados a una balsa de agua putrefacta en Muchamiel, Alicante. Alguno de los animales apareció descuartizado.

El SEPRONA de la Guardia Civil investiga el caso. Luciano, además de llamar a la colaboración ciudadana, para identificar a los asesinos ha ofrecido una recompensa de 3.000 euros.

Procedemos a reproducir íntegramente la carta que ha conmovido a toda España:

«Carta a un asesino de perros

Perdí a los perros de mis ojos, ellos que eran todo magia; ahora, cuando me despierto en las mañanas ya no los veo en su camita roncar, ya no me despiertan a las tres de la mañana para que lo saque a hacer pipí y beber agua y ya no me miran con sus ojitos y manchitas llorones.

¡Los extraño tanto¡

Hoy recuerdo todas esas noches que se levantaban uno y otro para beber agua, luego volvían y se acercaban a mi cama para asegurarse de que todavía estaba allí, antes de regresar a sus camitas y aun cuando eran más jóvenes brincaban conmigo y me abrazaban. Yo los amaba y ellos a mí.

Siempre le pedí a Dios me los hiciera eternos, que no me los quitará nunca, que siempre lo dejará conmigo, pero nadie contaba con que hay un asesino en Muchamiel y sin escrúpulos.

Es duro despedirse de mis perros y sin llegar su día de ancianitos; sólo tenían 3 y 4 años, eran bebes. Ellos me tenían que acompañar durante más de 15 años.

Mis perros me apoyaban cuando más lo necesitaba y bien que lo sabían, porque corrían conmigo y me lengüeteaban toda la cara, me abrazaban, me miraban y sin decirme nada, me lo decían todo. Ellos sostuvieron nuestras manos con lamidas y besitos sabor croqueta.

Linda, mi ojito derecho, me miró con sus ojitos de amor cuando mi vida era un desastre. Como nunca antes lo había sentido, me ayudó a reconstruir mi vida rota cada noche que lloraba y se subía conmigo y me lamía y entretenía mientras yo no dormía de tanto llorar.

Siempre me enseñó lo bueno de la vida, nos dio su amor sin importar nada, se quedaba dormida y vigilaba a la gente mala. Y yo no he podido hacer lo mismo.

Desde que fallecieron mis perros, mis mejores amigos, visito su tumba y me quedo ahí, sentado, fijo, viendo sus tumbas por cinco minutos, triste. Luego les gritaba para que volvieran. Me vuelvo loco cuando veo que sus croquetas están en sus comederos y no las come nadie.

Los extraño tanto. Ellos tenían el deber de guardarme a mí, se suponía que tenían que llegar hasta que estuviera yo viejito, pero no ha sido así. Aquí, sus camas están vacías, mis ojos los buscan y mi corazón está roto, más vacío de saber cómo ha sido esa muerte, un asesinato con maltrato animal y no poder hacer nada.

Ellos son esa magia, los perros de mis ojos, mis mejores amigos, los extraño.

Tengo lágrimas de agonía por no poder liberaros del sufrimiento. Lágrimas de tristeza por la pérdida de vuestro amor y compañía.
Lloro lágrimas de dolor por la cantidad de pena que siente mi corazón.

Os extrañaré cada día de mi vida.»

 

Redacción

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