El sobón

Seguramente que alguna vez hayáis pasado por la desagradable situación de tener que enfrentaros a un sobón. Sí, esos individuos que debido a un alto volumen de ingesta de alcohol, porque son así de maleducados o vete a saber sus sucias motivaciones, no respetan el espacio de seguridad de las personas. Se abrazan y refriegan sin motivo aparente o, en una conversación, acercan tanto sus getas a nuestro rostro que hasta surge el temor de que sus labios rocen los nuestros o ser impregnados por su saliva. Como decimos, una situación embarazosa e incómoda.

La reciente visita del niño mimado de la banca judía Rotchschild y actual presidente francés Emmanuel Macron, a Washington ha resultado reveladora de una faceta inédita de Donald Trump. Además de un chulo y un imbécil, Trump es un auténtico sobón. Desde que Mónica Lewinsky protagonizase, junto al presidente Clinton, una tórrida escena sexual en la Casa Blanca, no había conocido ese edificio una serie de achuchones y toqueteos como los que se han obsequiado Trump y Macron.

Besos, palmaditas, abrazos y hasta bromas de corte escatológico. ¡Qué confianza la de ambos mandatarios! Trump quitándole la caspa a Macron recordaba a una escena de «Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón». Sí, aquella en la que Alaska obliga a Mercedes Guillamón, más conocida como «Eva Siva», a que se coma un moco. No me quiero ni imaginar lo que ha podido suceder en los urinarios de la residencia presidencial yanqui. Pero todo hace indicar que Trump es un buen «Torrente» y Macron la encarnación de «Rafi».

Francisco Alonso

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