Titulitis, guerracivilismo e hispanofobia: así es Ada Colau

Ada Colau es peor que Manuela Carmena, que ya es decir. Hemos conocido recientemente que se inventó su carrera de abogada. Lideró la Plataforma Antidesahucios como una damnificada más, cuando nunca sufrió ese problema. Pocas repugnancias merecen ser tan aireadas a la vista del público como la desprendida por Ada Colau. La alcaldesa de Barcelona, sustentada por el infecto batiburrillo izquierdoso de partidos de la capital catalana, es la más acendrada y experimentada en ofrecer las acometidas sectarias y frentepopulistas más fétidas y tormentosas de España, superando incluso a las de Manuela Carmena.

Si en Madrid, una vetusta y apolillada Carmena promete prebendas y ayudas generosas a los manteros senegales delincuentes, la Barcelona de Colau, además de la meca de esos mismos manteros y carteristas, es la ciudad española más sucia y lastrada por el turismo masificado de borrachera, chancleta y navajeros.

Si Carmena, en su ansiado retorno a la caverna asesina de la historia del Madrid negro de la Guerra Civil, pretende homenajear este año a más de 300 chequistas de los que torturaban y ejecutaban en esas cárceles del horror gestionadas por partidos y sindicatos de izquierda, Colau no se queda corta en el tamaño de sus canalladas. La alcaldesa barcelonesa le quita su plaza a un admirable almirante de la Marina española llamado Cervera, héroe de la Guerra de Cuba, para dársela al actor antiespañol Pepe Rubianes y se despacha, calificando al prestigioso militar fallecido en 1909 (diez años antes de la eclosión del fascismo) como “facha”. Es el apogeo de la mentira y el énfasis criminal de odio siempre manifiesto en las izquierdas más analfabetas y matonistas.

 

Si Madrid, de la mano de la naftalina guerracivilista quiere ser revivida con el “No pasarán” de la mano comunista de Carmena, Barcelona es templo, culmen y laboratorio de los peores engendros hispanófobos y separatistas de la mano de una Colau, entregada a la detonación de lo poco que queda de España en Barcelona, donde las multas lingüísticas y las agresiones a quienes defienden la españolidad de esas tierras son la vida cotidiana de ese infierno rojo en que se ha convertido la ciudad condal.

Carmena, la “revival” comunista de la época de la Transición, ostenta, eso sí, un veraz título universitario de Derecho y una carrera como juez, por muy nefasta aplicación que haya hecho de su profesión (favoreciendo excarcelaciones de terroristas, por ejemplo). Ada Colau, sin embargo, se ha venido proclamando falsamente como abogada a través de todos los medios públicos durante años. La golfería de la “titulitis”, tan en boga de los medios, y de moda entre nuestros políticos, al parecer toca también a los candorosos y ardientes regeneradores “anticasta” de Podemos.

J. M. Pérez

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