Cuando los comunistas ahogaban refugiados a millares

Hoy, 16 de abril, se cumplen 73 años de uno de los mayores siniestros navales de todos los tiempos. Sí, queridos lectores, están leyendo bien. El archifamoso “Titanic” no ostenta, ni de lejos, el terrible récord en cuanto a víctimas mortales por el hundimiento de un barco. La historia que les vamos a contar -real y cruel, como la vida misma- dista mucho del bucólico romance entre Leonardo DiCaprio y Kate Winslet, con la música de James Horner y la voz de Céline Dion de fondo.

La banda sonora de aquel hundimiento, que no naufragio, la componían los gemidos de las madres alemanas que temían ver a sus hijas violadas por los hombres-bestia del Ejército Rojo, los llantos de los bebés, el castañeteo de los dientes de los niños provocado por el gélido viento del Báltico, el lamento de los ancianos hacinados en las dársenas de los puertos. Centenares de miles de personas trataban de escapar del avance implacable de los ejércitos soviéticos.

 

 

Las maltrechas tropas del Reich defendían cada palmo de terreno para que los refugiados pudieran huir hacia el oeste. Los últimos buques de la Kriegsmarine intentaban frenar, o al menos retrasar, con sus cañones desde el mar el avance de los blindados bolcheviques. Rodeados por enjambres de aviones rojos, los marinos germanos agotaban hasta la última bala. Vuelta de nuevo a puerto, municionar y regreso al combate. Posibilitar la evacuación del mayor número de civiles atrapados era la cuestión. Todo tipo de embarcación era válida. Hablamos de la “Operación Aníbal”.

Pero la muerte vino del mar. El 30 de enero de 1945 un submarino soviético, el S-13, ya había mandado a pique al “Wilhelm Gustloff”, con 10.000 civiles a bordo. Mueren ahogadas o por hipotermia más de 9.000 personas. El barco con el que el Gobierno nacionalsocialista enviaba a los obreros alemanes de crucero a Maderia, antes de la guerra, se convertía en un ataúd inmenso. Este sí es el mayor siniestro naval de la historia.

Tal día como hoy, otro submarino comunista hundía al “Goya”, un buque hospital. Más de seis mil refugiados alemanes perecen en las frías aguas bálticas. Tras recibir el impacto de los torpedos soviéticos, el barco se hunde en tan sólo cuatro minutos. El oficial de la marina roja es condecorado como “Héroe de la Unión Soviética” por su criminal acción.

Casi 200 pequeños mercantes y embarcaciones pesqueras, cargadas con refugiados alemanes, se unieron, en el fondo del mar, al “Wilhelm Gustloff” y al “Goya”, tras ser ametrallados, torpedeados o cañoneados por aviones y barcos de guerra soviéticos. Un reglón de la historia que no merece, para aquellos que se consternan por las miserables andanzas del “Open Arms”, ni una sucinta referencia.

Francisco Alonso

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