La concubina sionista ataca a Siria

Ya ha movido ficha la concubina belicosa. En la noche del viernes EE.UU., en una operación militar coordinada con Francia y Reino Unido y apoyada por la OTAN, ha bombardeado Siria por el supuesto empleo de gas cloro contra la población civil de Duma. “Esta malvada y despreciable agresión no fue obra de un hombre, fueron los crímenes de un monstruo”, declaró el presidente, Donald Trump.

Mentira y mentira. No hay ninguna prueba constatada ni constatable del empleo de armas químicas por parte de Bashar Al Assad para masacrar a su población, como tampoco las ha habido en ocasiones anteriores en que USA culpó al régimen sirio.

Apliquemos la lógica elemental. En Siria hay una guerra, sí. Que no es cómo nos la cuentan. ¿Quiere Bashar Al Assad matar a su pueblo que inmensamente le apoya, o combate más bien a un bloque terrorista financiado y armado por Occidente del que ahora parece nadie acordarse? Es lo segundo, aunque Occidente te cuente lo primero.

El matonismo occidental intrusivo, capitaneado por EE.UU., cercenador de la soberanía nacional, ataca hoy a Siria. Como atacó en 2003 a Saddam Hussein: azuzando la mentira de las armas de destrucción masiva. Lo hace con el mismo objetivo que entonces, y que es la provocación del caos bélico y social en la zona como factor de geoestrategia favorable a la unipolaridad internacional yanqui y beneficioso para los intereses de expolio sobre los recursos naturales y el territorio sirios por parte del colonialista Estado judío de Israel.

La promesa de Trump de retirarse de Siria, “el aislacionismo” que en política exterior prometió durante su campaña electoral rompiendo así con la centenaria costumbre de inducir guerras, por dinero, a la carta en el mundo para socavar soberanías nacionales e imponer tiranias del terror (véase Libia o Irak), ha quedado en la nada más absoluta y en la traición más abyecta. Y es que el sionismo pesa en la Casa Blanca, es quién escribe el guión de las leyes, quién maneja la Reserva Federal, quién hilvana la política exterior, a quién más le interesa derribar a Al Assad.

Hiroshima, Dresde… Episodios terroríficos maquillados con “la necesidad de exportar la democracia”. Tal como la invasión de Irak, el derribo de Gadafi o el actual asalto a Siria son, todas ellas, páginas donde el poder de EE.UU. escribe la masacre sobre los pueblos libres no sumisos al corretaje del Nuevo Orden Mundial.

¿Dónde están las pruebas reales del uso de agentes químicos por parte del régimen sirio a las que se ha referido el perillán sionista Macron para justificar el ataque? No están ni estarán, pero la operación psicológica manipuladora para vestir a Bashar Al Assad como el tirano genocida que mata a su propio pueblo ya está desplegada por el aparato propagandístico de todos los medios occidentales. Mientras, los pueblos de Europa enfrascan sus mentes en la drogadicción mediática falseadora y el culto a los líderes políticos inmundos y crápulas.

J.M. Pérez

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