El editorial de la semana: Stop USrael

La fuerza bruta la proporciona Estados Unidos. Cuenta, en ocasiones, con la ayuda, más simbólica que necesaria, de antiguas potencias o de países paria. Todos ellos mamporreros, de cara a la opinión pública global, de los misiles y de las bombas estadounidenses. Quien maneja los hilos y pone la masa gris es Israel. Estados Unidos -United States, US- e Israel, la simbiosis de la muerte, la guerra y la desestabilización en Oriente Medio. Una política nefasta que no sólo atenta contra la dignidad y los más básicos derechos de las naciones y de los hombres. También tiene, en forma de oleadas migratorias y terrorismo islamista, sus consecuencias en Europa.

El nuevo ataque norteamericano a Siria es el último episodio de las arbitrariedades de USrael en Oriente Medio. Pero esta vez lo embustes de Washington y de Tel-Aviv son realmente flagrantes. La sociedad de la información y el que Rusia haya recuperado su papel en el tablero internacional contrarrestan los manoseados y maniqueos montajes norteamericanos, justificativos de sus periódicas agresiones.

Ya no vivimos en el año 2003. Colin Powell, secretario de Estado norteamericano, fundamentaba la invasión de Irak, ante el Consejo de Seguridad de la ONU, con unas fotografías. Se trataba, en aquella ocasión, de “laboratorios móviles” de armas químicas. Se desmostó, con posterioridad, que todo era mentira. Los centenares de miles de muertos causados por la invasión norteamericana, la eclosión del Estado Islámico, la “crisis de los refugiados” y las furgonetas yihadistas en Europa son los lodos de los polvos de las imposturas de los Estados Unidos.

La destrucción de Siria únicamente beneficia a Israel. Es así de sencillo. Israel prefiere estar rodeada de estados fallidos, sumidos eternas guerras sectarias, que de países más o menos desarrollados . Irak, Libia y, esta vez, Siria. Solamente el presidente al-Ásad, la determinación de pueblo sirio y la ayuda de Rusia e Irán han podido contrarrestar el criminal proceder de Occidente respecto del país árabe.

El gas, las fotografías falsas, los testimonios imposibles de contrastar y los escenarios prefabricados. La misma secuencia, el mismo guión, la misma historia que, desde la segunda mitad de los años 40, viene justificando todos los atropellos imaginables perpetrados por el Estado de Israel o en beneficio del Estado de Israel. Israel y los intereses israelíes, a lo largo y ancho del mundo, dependen de que el gas con el que cubren su mentira nunca se disipe. Porque si algún día el viento fresco logra levantar los efluvios de la manipulación, el mundo podrá asombrarse de la mentira en la que se asienta el orden mundial que USrael implantó y denodadamente se esfuerza en mantener.

Redacción

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