El loco gaseador

Los Estados Unidos y su panda de lameculos internacionales vienen repitiendo, desde la Segunda Guerra Mundial, un mismo guión para justificar todas sus tropelías a lo largo y ancho del mundo. Se trata del dictador enajenado que gasea a su propio pueblo.

Otra ve le toca el turno al presidente sirio, Bashar al-Ásad. Cuando a Siria le van bien las cosas en el plano militar, de forma inverosímil, se produce un ataque químico. La excusa perfecta para bombardear a los hombres que, en el país árabe, están luchando contra los terroristas. Sí, esos terroristas que son armados por Estados Unidos y sus aliados.

«El mayor acto terrorista de la historia lo hizo Estados Unidos al borrar del mapa dos ciudades en la Segunda Guerra Mundial. Mató a hombres, mujeres y niños y causó males por radiación. Esto lo afirmó, hace apenas un mes, el novelista José Luis Muñoz -sobre el que no puede recaer sospecha alguna de filia hacia el nacionalsocialismo- en el «Lloret negre», un festival sobre novela negra y de espionaje.

En ese mismo encuentro de intelectuales, Pere Cardona, autor de «El Diario de Peter Brill» , señaló que «en Dresde los Aliados lanzaron decenas de miles de bombas a pesar de que la ciudad estaba llena de civiles. Además, usaron bombas de fósforo blanco después de los primeros ataques para que impactaran sobre la población cuando saliera de los refugios».

En este sentido, Jesús Hernández. autor del libro «Las cien mejores anécdotas de la Segunda Guerra Mundial», volvió a barajar la cifra de 300.000 muertos por el bombardeo americano sobre Dresde.

Algún día habrá que cambiar de guión y los malos de la película tendrán que ser otros.

Francisco Alonso

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