El editorial de la semana: Antifascismo es terrorismo

Rodrigo Lanza, el antifascista que asesinó, el pasado mes de diciembre, a Victor Laínez en Zaragoza por llevar unos tirantes con la bandera de España. Lucía, la chica linchada en Murcia por un grupo de antifascistas. El joven de 16 años al que los antifascistas del Distrito 14 apuñalaron en el rostro en Moratalaz. Los españoles en situación de emergencia social que fueron ayer apedreados en Madrid. O la madre y su hija, de tan sólo cinco años, agredidas, también ayer, en la calle Japón de Barcelona. De forma escandalosa, la lista de víctimas de la violencia antifascista se está incrementando en España.

Antifascistas, sí. Flaco favor a la verdad se hace cayendo en la trampa de la neolengua y no llamando a estos criminales por su nombre, que no es otro que el de antifascistas. Porque es lo que son y el antifascismo es el combustible que alimenta el motor de su odio. Otra cosa muy distinta es que sus víctimas no sean fascistas. No hace tanto que en España se llamaba «fascistas» a los miembros de la banda terrorista independentista y de izquierdas ETA. Cuando este tipo de mentiras se hicieron insostenibles, empezó a calificarse a los extremistas de izquierdas con los confusos y ambiguos títulos de antisistemas o radicales.

Pero no sólo ha sido la izquierda la culpable del confusionismo. También la derecha se ha revolcado en él. De tal forma que, desde medios de comunicación y columnas de opinión de la derecha, se ha llegado a calificar a la CUP o Carles Puigdemont como «fascistas».

Eufemismos que han pretendido y pretenden ocultar que el antifascismo -uno de los dogmas de la corrección política y del discurso dominante- no significa otra cosa que odio y exclusión hacia aquellos que piensan de manera diferente. Primero, son los dirigentes y agitadores mediáticos de la izquierda los que azuzan y señalan a aquellas personas a las que se les estigmatiza como fascistas. Luego, los cachorros de la memoria histórica son los que, en forma de agresiones, lo ejecutan. Posteriormente, son mayoría los medios de comunicación que contribuyen a una interesada confusión. Y no hay nada peor, para no atajar eficazmente un problema, que la confusión y el no identificar sus causas y a sus verdaderos culpables.

La irrupción de la izquierda radical de Unidos Podemos en todas las instituciones ha dado alas, medios y cobertura a los antifascistas. Publicaciones en las redes sociales, devaneos y muestras de solidaridad hasta con individuos condenados por terrorismo o subvenciones y cesión de locales, son la tónica general en aquellos ayuntamientos o comunidades autónomas detentadas, total o en coalición, por la formación morada.

De otra parte, la toma de conciencia de muchos españoles respecto a problemas nacionales o derivados de la globalización y la visibilidad de iniciativas sociales y políticas patriotas han despertado las iras del antifascismo. Un hechos -el pluralismo político, la libertad de opinión, asociación o manifestación- inadmisibles para la izquierda radical. No es nada nuevo. Esta vez, a principios del siglo XXI, son los antifascistas el brazo armado de una izquierda que en España se haya instalada en la rencorosa nostalgia y empeñada en abrir trincheras.

Esta forma de terrorismo debe ser derrotada. Ante la inacción institucional y, en muchos casos, la connivencia de algunas administraciones y medios de comunicación con el terrorismo antifascista, en la valentía de la ciudadanía se encuentra el camino para vencer a estos individuos.

 

 

Redacción

2 comentarios sobre “El editorial de la semana: Antifascismo es terrorismo

  • el 19 marzo, 2018 a las 6:31 pm
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    Tienes razón. Nos liamos con los nombres.
    Junqueras es un traidor golpista y criminal antifascista. Ya no me lio más.
    Elijo ese nombre porque no se me ocurre nadie de peor condición.

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