Editorial de la semana: Volved de donde vinisteis

A lo que únicamente es merecedor de la más rotunda de las condenas -la violencia multicultural desatada en el madrileño barrio de Lavapiés-, se le está buscando una explicación. Exculpar a los manteros de los disturbios en Madrid es un ejercicio más, por parte del discurso políticamente correcto, del intento de salvar el multiculturalismo a toda costa. La primera de las víctimas es, como tantas otras veces, la verdad.

Es cierto que los manteros han contado con la inestimable ayuda de los radicales de izquierdas para poner este sufrido barrio patas arriba. No es la primera vez. Pero los problemas de convivencia que se viven en la zona tienen en la inmigración masiva y carente de cualquier tipo de control su origen.

Los contenedores ardiendo y las escenas de agresiones nos acercan a los sempiternos altercados y algaradas en Uganda, Ruanda o Sierra Leona. Pero esta vez en el centro de Madrid. El modelo multicultural se ha puesto, por sí mismo, nuevamente en evidencia. Esta semana está siendo aciaga para quienes defienden la inmigración masiva. Esteban Ibarra, SOS Racismo y tantos otros paniaguados institucionales están teniendo que hacer horas extraordinarias. Nos señalan a nosotros, a los españoles, como culpables y exculpan y califican de víctimas a los inmigrantes que infringen las leyes.

La izquierda en bloque se ha desecho en pésames y condolencias con el senegalés que murió como consecuencia de un fallo cardíaco. Carmena, Monedero, Rommy Arce y tantos otros. Por los españoles, en su mayoría ancianos, que viven atemorizados en Lavapiés no se preocupan. Tampoco por los heridos o los damnificados por los destrozos perpetrados, en comandita, por subsaharianos y antifascistas.

Hay que decirlo alto y claro. Ni les queremos ni les necesitamos. Que se vayan o que les repatrien de una vez. No hay ningún intercambio cultural en Lavapiés, solamente se están importando las lacras que se padecen en el tercer mundo. No existe ningún enriquecimiento, únicamente el de aquellos que se lucran con la inmigración ilegal que, en un altísimo porcentaje de ocasiones, son también inmigrantes. La diversidad y la convivencia es una monumental mentira, análoga a la de “las tres culturas” del Toledo medieval.

Aquellos vecinos de Lavapiés que quieren vivir en un barrio céntrico de una ciudad europea, como es Madrid, y no en una medina magrebí o en un suburbio del sur de África solamente reciben incomprensión, olvido y un multicultural horror cotidiano.

 

Redacción

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