Cuando las víctimas son hombres no tienen apellidos

Varón blanco y de nacionalidad española. He ahí los grandes discriminados de nuestro país. Ahondando un poco más, podríamos añadir que heterosexuales.

Personas que, al ser víctimas de un delito, no obtienen el auxilio de la atención mediática y de la alarma social. No son víctimas de un delito de odio aunque hayan recibido 25 puñaladas en el tórax. Tampoco son víctimas de una agresión racista, a pesar de que su asesina sea una individua de otra raza. Son aquellos que si mueren a manos de sus parejas “algo habrían hecho”. Y si son objeto de fraudes en el mundo laboral esta discriminación, aunque estén descargando camiones, no tiene origen en razón de sexo.

La necesaria toma de conciencia sobre los abusos y maltratos que muchas mujeres sufren a manos de personajuchos cobardes y frustrados -antítesis del hombre, de la masculinidad y de la virilidad-, no debe hacernos olvidar que, en esta sociedad de problemas globales, los hombres también sangran y mueren.

Francisco Alonsoc

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *