El editorial de la semana: Por la cadena perpetua

No podremos evitar estos horribles crímenes, pero sí que los monstruos que los perpetran vuelvan a pisar la calle. Mari Luz Cortes, Tamara Navas, Asunta Basterra, Ruth y José Bretón, Candela y Amaia Oubel y tantos otros. A esta lista terrible de inocentes asesinados se une, desgraciadamente, el nombre de Gabriel Cruz. Cabe preguntar ahora a Unidos Podemos, al PSOE y a todos aquellos que exigen derogar la prisión permanente revisable, sus fundamentos objetivos para proponer tal insulto a la justicia y a las víctimas.

Porque derogar la prisión permanente revisable no es una demanda social, sino una pose ideológica del dogmatismo progre. No cabe redención, rehabilitación o reinserción para esta escoria criminal. Si tanto creen en esa imposible reinserción, ¿pondrían Pablo Iglesias o Pedro Sánchez a sus sobrinos o hijos al cuidado de alguno de los violadores reincidentes que están saliendo de las cárceles?

El violador del estilete, el de Ciudad Lineal e individuos análogos deben permanecen en la cárcel para siempre. Sin embargo, ahí están las últimas revelaciones sobre “El Chicle”, se jactan de su puesta en libertad en unos pocos años.

Durante décadas, la izquierda política e intelectual se ha afanado en contemporizar con quienes violan la ley y suponen una amenaza para nuestra seguridad. La izquierda ha buscado explicaciones económicas, políticas y sociológicas a la actuación de criminales de mierda y de homicidas. “El Lute”, los asesinos etarras de Carrero y tantos otros españoles o “El Vaquilla” llegaron incluso a erigirse en héroes y “víctimas del franquismo”. Se les encarnó en películas, dirigidas por comunistas, y llegaron a ser iconos para muchos jóvenes españoles. Las víctimas reales, aquellos que saltaron por los aires, recibieron un tiro en la nuca, fueron violadas, atracadas o robadas cayeron en el olvido.

Esta nauseabunda dinámica no es cosa de los años 70 o de los años 80. Hoy, el progresismo sigue aviniéndose al crimen. Piden que se suprima la prisión permanente revisable. Afirman que con educación y dinero nada de esto tendría lugar. Ahí tenemos a esos medios que calificaban, hace escasos meses, a los yihadistas que sembraron de muerte y sangre Cataluña de “buenos chicos”.

En la era de las reformas, la consultas y del derecho a decidir, de forma abrumadora, el pueblo español ratificaría la permanencia de la prisión permanente revisable en el sistema de penas de nuestro ordenamiento jurídico. Incluso, puede que a millones de nuestros compatriotas esta pena se quede corta.

 

Redacción

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