La ceguera feminista

A las feministas les molestan muchas cosas: No soportan que os sentéis con las piernas demasiado abiertas en el Metro, que los camareros se confundan y les pongan una coca-cola cuando han pedido una cerveza, que los cambiadores para bebés estén en los aseos femeninos, que existan las azafatas de Fórmula 1, que no os parezca atractivo un sobaco peludo… Se pasan la vida montando el pollo por problemas que no son tales y llorando por traumas imaginarios. Y sin embargo, hay un fenómeno creciente en Europa que para ellas es invisible, a pesar de resultar terriblemente alarmante: las agresiones a mujeres perpetradas por inmigrantes no europeos.

La situación no deja de ser curiosa, porque el colectivo feminista no tiene reparos en criminalizar a todos (TODOS) los hombres europeos, artífices del espantoso heteropatriarcado que nos oprime, y sin embargo, no consiente que se generalice en cuanto se menciona el porcentaje de delincuentes extranjeros que padecemos en Europa.

Hace unos días escuchábamos a Manuela Carmena decir tranquilamente que la violencia está “encardinada en el ADN masculino”. Es decir, que según la alcaldesa de Madrid, todo aquel varón que esté leyendo estas líneas, es un agresor en potencia. Lo lleváis en el ADN. Es un poco desconcertante porque los mismos que afirman que el hombre es violento porque lo dicen sus genes, aseguran que los genes no determinan si uno es hombre o mujer. El caso es que la alcaldesa feminista no tiene muy buena impresión del hombre masculino en general, excepto si salta la verja de Melilla, en cuyo caso es “el mejor”. Una contradicción constante, vamos.

El silencio feminista ante el crecimiento exponencial de las agresiones perpetradas por inmigrantes resulta insultante. Suecia, país abanderado del feminismo, las políticas de igualdad y la acogida de “refugiados”, se ha convertido en el segundo país DEL MUNDO en número de violaciones por habitante, en su gran mayoría cometidas por inmigrantes (según el Consejo de Prevención del Crimen, un 85% de ellos extranjeros o hijos de extranjeros), pero no vemos feministas suecas manifestarse con las pechugas al aire en los barrios de inmigrantes.

En Alemania, según fuentes oficiales, los crímenes sexuales se duplicaron durante 2016, sumando un total de 3.400 delitos. El llamado “taharrush”, asalto sexual en grupo de varios hombres, se hizo tristemente famoso en varias ciudades alemanas coincidiendo con el inicio de la “crisis de los refugiados”.

El mismo patrón se repite en otros países como Francia, Dinamarca y Reino Unido. En todos ellos la ceguera feminista se suma al silencio mediático e incluso a la inacción policial, como en el dramático caso de las 400 niñas de Oxfordshire, que sufrieron abusos sistemáticos durante años por parte de inmigrantes paquistaníes, mientras la policía no actuaba por miedo a ser tachada de racista.

Los casos de ataques sexuales en España, como en el resto de Europa, cuentan con eco mediático sólo si los agresores son europeos. Los medios y los grupos de presión feministas enmudecen cuando el delincuente es inmigrante. Y además se da la circunstancia de que los colectivos inmigrantes son idealizados y defendidos hasta el absurdo por asociaciones feministas, instituciones y medios de comunicación.

Encontramos el mismo modus operandi feminista si nos referimos a la religión: es imprescindible insultar al catolicismo de forma chavacana hasta el aburrimiento, pero el islam es lo más en empoderamiento femenino y libertad sexual. Para las feministas europeas el burka es una prenda revolucionaria y las ablaciones practicadas en nuestro suelo no existen.

En fin, que en la Europa de 2018 es más probable que se censure una obra de Rubens por machista, a que se deporte a un afgano por violar a una adolescente. Lo llaman progreso, por lo visto.

Un comentario sobre “La ceguera feminista

  • el 12 marzo, 2018 a las 12:42 pm
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    ¡Todos los refugiados fuera de España ya!

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