Izquierda «delenda est»

«Cartago debe ser destruida». Con esta frase terminaba todas sus intervenciones en el Senado romano Catón el Viejo. Y, efectivamente, la destrucción de Cartago supuso la consolidación de Roma como primera potencia del Mediterráneo, por entonces, eje de la civilización. Hoy, la estrategia de los social patriotas debe pasar por un choque total con la izquierda. Allí donde nos sea posible y allí donde contemos con medios para ello. Indiscutiblemente, pasar por encima de la izquierda es lo que puede abrirnos un espacio político amplio.

Echando la vista algo menos atrás que a Roma y a Cartago, la caída del Muro de Berlín y la descomposición del bloque comunista dejó a la izquierda radical con el culo al aire y a nosotros huérfanos de un enemigo natural. Pero la izquierda se ha recuperado de aquella hecatombe una forma sorprendente. Y con izquierda no nos referimos a la socialdemocracia del PSOE, del SPD o del Partido Socialista francés, sino a la Podemos, a «La France Insoumise» y a formaciones extremistas análogas.

De tal modo que, durante algo más de veinte años, hablar de «peligro rojo» o de «los rojos» podía considerarse como un ejercicio de nostalgia política. Ahora, ese peligro rojo, morado o del color que sea existe, es una realidad. Detenta instituciones y, desde ellas, hace mucho daño a nuestra identidad y a nuestra concepción de la comunidad nacional.

Parapetado en el multiculturalismo y en el feminismo, la izquierda ha abierto un efectivo fuego a discreción contra las patrias y la libertad de las naciones. Los ejes de su discurso no giran ya en torno a la solidaridad obrera internacional y a la guerra social, sino que multiculturalismo, mestizaje, feminismo e ideología de género son las armas con las que están avanzando.

Frente a este rodillo reaccionario de la izquierda debemos enfrentarnos. Sin conmiseración, sin empatía alguna y sin cuartel. Sin concesiones en el fondo o en la forma. Erigiéndonos en el dique frente a la marea que amenaza con anegarlo todo, podemos cosechar, a izquierda y a derecha, simpatías y apoyos. Aunar, en torno a nuestros proyectos, voluntades y votos.

En función de nuestros recursos, debemos fijarnos objetivos asumibles. Arrebatar a la izquierda ciertas causas y banderas de lucha política y social y darnos visibilidad mediática. Tal y como, en cierta medida, se ha conseguido ya en el ámbito de la reivindicación de la prioridad nacional en las ayudas sociales y en el problema de la vivienda.

Históricamente fue el choque contra la izquierda y su derrota total lo que nos abrió el camino hacia la conquista del Estado. La izquierda afirma, y no sin razón, que el patriotismo social «avanza si no se le combate». Sin embargo, nosotros hemos intentado lanzar cabos a este enemigo, realizado ejercicios de comprensión respecto a él, propuesto fórmulas y estrategias de una ambigüedad tal que son irrealizables e incompresibles para propios y para extraños.

Ellos mismos, nuestros enemigos izquierdistas, nos dan la clave hacia el éxito: combatirles. Hay que combatir políticamente a la izquierda para avanzar. La lucha contra la derecha liberal está en otro capítulo, que es imprescindible. Puede que vencer a la izquierda nos brinde la posibilidad de, algún día, abrir sus páginas.

 

Ángel Aguado

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