El antifascismo amenaza con anegar nuevamente a Italia en la violencia política

La cercanía de la cita electoral, del próximo 4 de marzo, ha desatado las iras de los antifascistas en Italia. La posibilidad de que CasaPound obtenga algún diputado en las elecciones a los consejos regionales y que haya logrado presentarse a los comicios generales, no ha pasado por alto para los violentos de la izquierda radical.

Italia vivió, durante los años setenta y primeros ochenta, un terrible periodo de violencia política conocido como «Años de plomo». Auspiciados por socialistas y comunistas, los grupos terroristas de extrema izquierda se lanzaron a una orgía de sangre y a la «caza del fascista» que era aplaudida por políticos y medios de comunicación. Decenas de militantes, simpatizantes o votantes Movimiento Social Italiano y otras organizaciones patriotas cayeron bajo las balas y las bombas de las Brigadas Rojas.

 

 

Actualmente, los líderes de la izquierda italiana llaman a la movilización contra quienes reivindican un mayor control sobre la inmigración en el país transalpino. Matteo Renzi, del Partido Demócrata y Pietro Grasso, del partido Libres e Iguales, encabezan las marchas en las que se vuelve a pedir la cabeza de los fascistas.

Ayer mismo, en la manifestación antifascista que encabezaba en Roma el presidente del Consejo de Ministros, Paolo Gentiloni, la Policía incautó, a radicales de izquierdas, máscaras de gas y objetos contundentes. Como denominador común a todas ellas, estas marchas suelen terminar con disturbios y destrucción del mobiliario urbano.

Ese martes, Massimo Ursino, secretario de la organización patriota Forza Nuova, fue secuestrado, atado y golpeado en Palermo por terroristas de extrema izquierda. Con la connivencia de la izquierda parlamentaria, los antifascistas pueden precipitar a Italia a revivir uno de sus peores pesadillas.

Ángel Aguado

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