La revolucionaria de camiseta

Algunos dirán que Lenin también se refugió en Suiza. Pero los tiempos han cambiado. Además, el estilo, decimonónico y romántico, del líder de la Revolución bolchevique no es el de Anna Gabriel. A la española le hubiese pegado mucho más pasar a la clandestinidad, de okupa en okupa y de agujero en agujero, en suelo catalán. Inflamados llamamientos a la desobediencia civil con una pancarta detrás y una estética setentera y filoetarra. Incluso, con un gorrillo de miliciana y un mono de trabajo dirigiéndose hacia las barricadas.

Pero no. Gabriel nos vuelve a defraudar. Debe ser que eso de pisar moqueta y aposentarse en un escaño atempera hasta a los más furibundos revolucionarios y revolucionarias. ¡Hasta se nos ha cambiado de imagen! Adiós al corte de pelo alternativo y a las camisetas reivindicativas. No olvidemos que la anticapitalista busca refugio en la meca del capitalismo, de los paraísos fiscales y de la evasión de capitales.

Decepcionante. Desde las antípodas políticas y la trinchera de enfrente, parecía que Anna Gabriel podía aportar garra a la escena política. Una enemiga con la que mereciese la pena batirse y no una niñata prefabricada, como Arrimadas o Levy. Una adversaria total, pero auténtica, y no una concubina pedante, como Irene Montero. Una oponente con ideas propias y no un cúmulo de memez, tinte y coqueteos con corruptos, como Cifuentes. Sin embargo, todo era falso. A Anna Gabriel le han quitado sus camisetas y se ha quedado en una pijo-progre que quiere ser profesora en Suiza. Carne para «Españoles por el mundo», pero no para la historia de ninguna revolución.

Ángel Aguado

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