La Bella y la Bestia

A la vista del escozor que la versión del himno de España, interpretado el pasado sábado por Marta Sánchez, ha causado en el estercolero progreta, es fácil deducir que algo bueno hay en ello. Nuestro himno tuvo letra, recordemos las entrañables imágenes de Luis Aragonés entonándolo como seleccionador nacional. Pero la versión de la cantante madrileña le ha dado un aire nuevo, actual, abierto y, sobre todo, efectivo.

Ayer, a Pablo Iglesias escuchar el himno de Marta Sánchez le costó un fuerte episodio hemorroidal. Y anoche, y seguirá así toda la semana,el magnate inmobiliario, conocido como «El Gran Wyoming», se esforzaba y requeteesforzaba intentando ridiculizar la interpretación de la estrella. ¡Mecachis, Wyoming! Tantos años vertiendo desde aulas, programas de televisión y películas tanta basura sobre España y sobre el patriotismo y resultan que hay más patriotas españoles de lo que os pensabais.

Algo que debería ser de lo más usual -una canción patriótica que, en el fondo, es lo que cantó Marta Sánchez- ha generado sarpullido. El mundo progre e izquierdista quería meter a los patriotas españoles dentro del armario. Les ha salido el tiro por la culata.

En los barrios más pijio-progres y zonas de cañeo para modernos y modernas, es habitual oír a pazguatos con barbita sus pedantes conversaciones. Entre una preocupante escasez de testosterona y mientras sus parejas -femeninas- otean, con todo derecho, a machos más dignos y viriles,se quejan del «despertar del nacionalismo español». A estos individuos les ha importado un pimiento que durante cuarentena años, desde las instituciones autonómicas, se haya fomentado el separatismo y alentado el odio hacia España. Sin embargo, se consternan ahora por ver banderas de España en los balcones o escuchar una versión del himno de nuestro país.

Francisco Alonso

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