Por qué Israel no es un socio fiable

Quienes mantienen que Israel es un fiel aliado para Europa en Oriente Medio no pueden más que farfullar dos o tres tópicos, bastante endebles, al respecto. Se trata de argumentos manidos y cargados de demagogia que, a duras penas, ocultan las 30 monedas de plata abonadas por el sanedrín de Tel-Aviv. O, en otros casos, una patente de corso para lanzarse a la aventura política y al oportunismo anti inmigración sin el riesgo de ser tildado de “nazi” o “antisemita”. De todo hay. Pero analicemos, de forma objetiva y breve, los motivos por los que el Estado hebreo no es un socio válido, sino todo lo contrario, para Europa y, muy especialmente, para España.

En primer lugar, Israel es un elemento de desestabilización internacional en el Mediterráneo, lo cual nos afecta y muy directamente. Cuanta más inestabilidad y más conflictos asolen a los países árabes de su entorno, más seguro se siente el régimen israelí. Las consecuencias no las sufre Israel, sino Europa. Los atentados yihadistas con furgonetas, la denominada “crisis de los refugiados” o las pateras pasan de largo de las seguras fronteras hebreas y nos llegan a nosotros. La invasión de Irak y las guerras de Libia y Siria han consolidado, aún más si cabe, la posición de Israel. Y encontraron en sus servicios de inteligencia y en su poderosa influencia internacional un resorte decisivo. A Israel puede interesarle sumir el Mediterráneo en el caos, pero a nosotros la estabilidad de la zona.

En segundo lugar, dicen, que “Israel es un baluarte contra el yihadismo”. Pero sólo dentro de sus fronteras, cabría decir. El régimen israelí no ha dudado en aupar a grupos islamistas frente a otras opciones árabes no extremistas. Por ejemplo, en los ochenta, vio con buenos ojos el surgimiento de Hamas para debilitar a la OLP de Arafat. Israel comparte frontera con áreas de Siria que están en manos del Estado Islámico o de la filial de Al-Qaeda. Y mantienen relaciones de tan buena vecindad que los heridos yihadistas son atendidos en hospitales israelíes. ¿Por qué bombardea Israel al Ejército sirio y no al Estado Islámico?, ¿por qué quiere derrocar Israel al presidente sirio, Bashar al-Ásad, que es el principal actor internacional que, sobre el terreno, combate a toda una pléyade de grupos yihadistas? A Israel le puede convenir rodearse de estados fallidos sumidos en el medievo yihadista, a nosotros Estados que controlen sus territorios y garanticen la seguridad.

En tercer lugar, buena parte de la opinión pública de los países europeos no es insensible a las arbitrariedades y atropellos perpetrados por Israel. Por otra parte, más que una alianza, en muchos casos, Israel ejerce un chantaje histórico sobre ciertos países europeos para mantener su lealtad. Es decir, no es una quimera que las relaciones entre Israel y Europa lleguen a deteriorarse. Para ese momento, Israel necesita interlocutores válidos en nuestro continente. ¿Dónde encontrarlos? En países de reciente independencia. No es casual que el Vlaams Belang flamenco, la UKIP británica, el FPÖ austríaco o Geert Wilders -partidos y políticos todos ellos fervientemente pro israelíes- apoyasen, el pasado 1-O, el golpe independentista en Cataluña. Aún planean en el ambiente los descarados flirteos de varios medios y políticos hebreos con los separatistas en Cataluña. A Israel puede favorecerle una España dividida y una Europa descompuesta, a nosotros la unidad de nuestro país y del resto de países europeos.

Para finalizar, se supone, y según los defensores del régimen de Tel-Aviv, que Israel es la única democracia –“a la occidental”- de Oriente Medio. Las urnas, en Israel como en Cataluña, no pueden ocultar que la legalidad sea vulnerada. Puigdemont colocó unas urnas para subvertir la legalidad española. Israel lo hace para seguir violando la legalidad internacional y dotarse de una cierta legitimidad. El Estado judío se pasa por el arco del triunfo las Resoluciones de la ONU -como la 242- y en materia de Derechos Humanos incumple los compromisos que voluntariamente ha adquirido. El actual orden internacional, del que Israel es uno de sus grandes arquitectos, afirma que “los valores de libertad y respeto por los derechos humanos y el principio de celebrar elecciones periódicas y genuinas mediante el sufragio universal son elementos esenciales de la democracia”. No parece que los bombardeos sobre Gaza, la limpieza étnica, las detenciones y el ametrallamiento de niños o la anexión de territorios se ajuste a esa legalidad internacional.

Francisco Alonso

Un comentario sobre “Por qué Israel no es un socio fiable

  • el 14 febrero, 2018 a las 7:17 pm
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    Si se pusieran los cojones, mandaran a sus mujeres a cocinar o les dieran un bofetón cuando quisieran pasarse de listas, fusilaran a los rojos, abandonaran la mierda del tratado schengen, hundieran las pateras, patrullasen las fronteras, y se comportasen en general, como hombres, no necesitarían que Israel se porte bien con sus vecinos moromierdas para que no les invadan Europa.

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