El editorial de la semana: No habrá Europa sin europeos

Figurones de la economía y la política neoliberal y mesías de las ONGs multiculturalistas pregonan, a voces, que la esperanza y el futuro de Europa se encuentra en la inmigración africana. De esta forma, dicen querer combatir el envejecimiento de la población de nuestro continente y asegurar el sistema de pensiones.

Estos individuos apuestan por intercambiar seres humanos, de un punto a otro del planeta, como si fuésemos cromos. Consideran a los hombres y a las mujeres como elementos anodinos. Consumidores-votantes-cifras que, independientemente de su bagaje antropologógico, pueden ser instalados aquí o allá sin ninguna consecuencia.

No habrá Europa sin europeos. El desarrollo, el progreso, el anhelo de justicia y de civilización que, a lo largo de los siglos, las naciones de Europa han ido construyendo podían haberse producido en África o en Asia. Pero no fue así. Nuestras instituciones y valores tienen un reflejo en nuestra genética, pero no en la de un subsahariano o en la de un magrebí. Esto no es una mera opinión, sino una realidad científica.

La historia afirma que los seres humanos partimos, hace 200.000 años, de un plano de igualdad. ¿Por qué no todos evolucionamos en la misma dirección? No han sido únicamente el clima o las condiciones geográficas las que han determinado nuestras diferencias. Ha influido lo que somos y al pueblo al que pertenecemos. De ahí que las instituciones europeas no cuajen en África. Un continente trufado de autocracias, dictaduras, monarcas sátrapas y de democracias corruptas y bananeras.

Con la sustitución del elemento humano autóctono europeo, de raza blanca, se reemplazarán otras muchas cosas. Se sustituirá al varias veces milenario camino europeo hacia el bienestar, la seguridad y la equidad por la perpetuidad de la arbitrariedad y el abuso.

Desde el respeto a las identidades y soberanía de los pueblos africanos, estos individuos que quieren importar pobreza, precariedad y mano de obra barata a Europa, más bien, deberían estar trabajando por exportar, en dirección sur, aquello que hace que nuestra vida sea algo más fácil. Así, miles de inmigrantes no tendrían que jugarse la vida intentado cruzar el Mediterráneo, ni nosotros soportar las consecuencias de su llegada.

 

Redacción

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