La crisis de los refugiados cosifica a la mujer

Que las mujeres europeas establezcan relaciones de pareja o mantengan relaciones sexuales con solicitantes de asilo. Esa parece ser la quintaesencia de la integración que los grandes medios de comunicación se esfuerzan en alentar. Esto, no nos engañemos, encuentra su origen en culturas primitivas o con escasísima consideración hacia el sexo femenino. Hablamos de ofrecer, como golosinas y regalos para consumir y usar a su antojo, a mujeres. Algo a lo que los colectivos feministas, parte preponderante del discurso globalista, se ha sumado alegremente. Algo paradójico, cuando la dislocación de nuestra gente y la apertura de una enorme brecha entre las europeas y los europeos es una realidad que ha adoptado tintes institucionales.

Esta semana, la polémica estallaba en Alemania cuando el canal infantil “Kika” emitía un reportaje -dirigido a un público de entre 10 y 13 años- en el que se loaba la historia de amor entre un refugiado sirio de aproximadamente 20 años de edad, y una adolescente alemana de 16. “Creo en mi cultura y mi religión. La religión te da reglas y sin esta religión no tienes reglas, y sin reglas no tienes vida “, afirmaba él, Diaa. “Diaa no permite que me ponga ropa corta, sólo cosas largas”, se lamentaba ella. Sin comentarios.

“Mejor ser violada por refugiados que follar con nazis”, rebuznaba una de esas individuas archienemigas del “heteropatriarcado opresor”. Que, sin embargo, organizan encuentros entre inmigrantes con mujeres para que, los recién llegados, se sientan más integrados. Desconocemos el impacto y el enriquecimiento cultural que deben proporcionar, para las feministas, estas aproximaciones con hombres de orígenes tan remotos y exóticos. Procedentes de países en los que la discriminación flagrante de mujeres sigue siendo una práctica habitual.

Maribel Soto

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