El antirracismo es racismo contra los blancos

¿Por qué legiones de políticos, artistas, ONGs o periodistas califican como racistas a aquellos que defienden la identidad de los pueblos de Europa? Simplemente, porque están en contra de esa identidad y pretenden que se pierda y diluya. Por lo tanto, buscan anular, mediante diversos mecanismos, a un determinado grupo humano: el formado por los europeos de raza blanca. Incluso que un europeo blanco hable de raza blanca sin fustigarse, entonar un mea culpa y elevar alabanzas y glorias a la memoria de Nelson Mandela ya se considera racista.

Puede que sea Alemania el país de nuestro entorno en el que ese racismo contra los blancos -articulado desde las instituciones bajo el antirracismo- se desarrolla con mayor virulencia y descaro. No es raro oír declaraciones de políticos, o de personalidades de todo pelaje, cargando contra su propio pueblo. Es el caso del parlamentario y dirigente comunista Gregor Gysi, de “Die Linke”. Con la llamada “crisis de los refugiados”, este individuo celebraba “el fin de la composición germánica de Alemania”. Ahí es nada.

El antirracismo -que, repetimos, no es otra cosa que racismo antiblanco- es un instrumento de represión ideológica en manos del modelo económico de la globalización. “Si no quiero que lleguen más inmigrantes a España soy un racista y ser racista es una cosa muy mala. No quiero ser malo ni racista, luego no me opondré, ni tan siquiera con mi voto, a la llegada de inmigrantes”. Este es el sencillo mecanismo mental que los mercados, deseosos de más inmigrantes y más mano de obra barata, inoculan a millones de nuestros compatriotas.

Luego están todos aquellos que terminan por creérselo. Y, finalmente, un elemento esencialmente despreciable en el pozo negro del antirracismo. Son los que por convicción multiculturalista quieren destruir nuestra identidad y, de esta manera, a nosotros mismos y a nuestra gente. Podemos ponerles cara y nombre: Pablo Iglesias, Ada Colau, Manuela Carmena, etc. El internacionalismo izquierdista del siglo XX ha dado paso al multiculturalismo del XXI.

Francisco Alonso

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