¿Por qué no regresan los refugiados a Siria?

La situación en Siria dista de ser idílica. A pesar de la derrota militar del ISIS, diversos grupos terroristas siguen operando en el país y detentan el control de partes del territorio. Sin embargo, las zonas liberadas por las tropas de al-Ásad y las controladas por las milicias kurdas del YPG son amplias y ofrecen seguridad. Incluso en algunas ciudades, como Alepo, las autoridades gubernamentales han iniciado tareas de reconstrucción. Muchos sirios desplazados en el interior de su país o en el vecino Líbano regresan a sus casas. Sin embargo, los que arribaron a Europa permanecen aquí de forma inamovible.

Lamentablemente, Irak no puede exonerarse de la inestabilidad y de las tensiones sectarias provocadas por la invasión estadounidense del 2003. Pero el grupo terrorista ISIS está cercado en zonas muy localizadas y los combates van reduciéndose. ¿Por qué no regresan entonces los refugiados? He ahí la cuestión. Porque, una vez cesadas las causas que motivaron la salida de sus hogares, lo más lógico sería el regreso a sus países.

Todo indica que de los millones de personas que, desde el año 2015, llegaron a Europa como solicitantes de asilo sólo un reducido porcentaje eran sirios o iraquíes y, de éstos, menos aún eran realmente refugiados. Una inyección de consumidores y mano de obra barata para embarullar las políticas de austeridad de, entre otros, Angela Merkel. Por otra parte, la izquierda y los medios han utilizado el término refugiado como eufemismo de inmigrante. Un flaco favor a las personas que realmente necesitan asilo y una puerta trasera de entrada para la inmigración ilegal.

Francisco Alonso

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