La verdad de Siria que los medios no muestran (I)

Carlos Paz – Damasco – Noviembre 2017

La labor de los medios de comunicación con respecto a la guerra en Siria ha sido enteramente nefasta desde todo punto de vista. La manera en que los grandes medios han abordado el conflicto, bien sobre informando de manera contradictoria, bien entrando de lleno en el campo de la pura propaganda y de esta manera colaborando consciente o inconscientemente con los intereses de la agenda terrorista, es a todas luces indudable. Y la prueba del nueve de todo esto es que después de haber entrado en el séptimo año de guerra, la ciudadanía no sabe explicarse qué es lo que ha sucedido, cómo se ha podido llegar a esta situación. Este es el principal motivo por el cual de manera periódica, en estos últimos años, miembros del Frente de solidaridad con Siria venimos hasta aquí: para dar testimonio de lo que en verdad sucede.

Porque lo que se litiga en la guerra de Siria no es la pervivencia de un régimen dado o la figura de tal o cual presidente, sino que lo que se juega es mucho más: por un lado la apuesta definitiva del mundialismo por controlar esa parte del mundo; por otro, la derrota o no del terrorismo yihadista; además, un desequilibrio de poder en la zona que se inclinaría a favor del Estado de Israel; pero por encima de todo, de lo que se trata es de la existencia de Siria tal y como la conocemos, de la destrucción de un modelo tan específico de sociedad como es la siria.

Omitiendo estas cosas, así como la verdadera naturaleza de aquellas fantasmagóricas primaveras árabes tras las que se escondían los anhelos de Occidente por acabar con Siria por medio del terrorismo, se pretende aun a día de hoy hacer pensar que lo que se propone como alternativa es una feliz Arcadia democrática, en verdad inviable e irreal.

Y es que la realidad es que ha existido un plan por terminar con Siria, que se ha traducido en cientos de miles de muertos, en seis millones de desplazados, en la destrucción de tesoros artísticos así como la mitad de sus infraestructuras, aunque para ello haya sido necesario crear el Estado Islámico, domeñar los medios de comunicación e imponer los designios de Estados Unidos, de Francia, de Arabia Saudí y de Catar.

Porque hay que saber que toda la confusión mediática, todo el alud de basura y de mentiras que contra Siria aparecen en los medios no es casual ni aleatorio, sino que responde a una orquestación perfectamente premeditada para destruir los procesos de reconciliación, y en último extremo para que la paz nunca se haga efectiva o en su defecto lo haga lo más tarde posible.

Siria resulta molesta. Resulta molesta por su estructura social; por estar constituida por una sociedad multiconfesional que bajo el amparo de un Estado aconfesional es quien le permite su existencia. Una sociedad que a ojos de las obtusas democracias occidentales se le presenta incomprensible el valor de lo cualitativo frente al número. Siria resulta molesta en lo económico, puesto que no se pliega a la usura ni al rédito, a esos organismos globales que todo lo fagocitan como son el Banco Mundial o el FMI, o porque sus recursos están nacionalizados, lo que no hace posible que la avaricia de las grandes corporaciones mangoneen en su riqueza. Siria resulta molesta, porque no se pliega a las imposiciones mundialistas del aborto, el homosexualismo o la ideología de género. Siria molesta, por encima de todo, porque conforma una pieza fundamental en eso que se conoce como el Eje de resistencia frente a Israel.

La guerra, como venimos anunciando desde principios de año (al menos por lo que respecta contra el Estado islámico) está terminando, y esto supone el fracaso de todos los agentes que en ella han intervenido. Se han visto frustrados todos los propósitos que se plantearon cuando la idearon: derrocar al presidente Bashar Al Assad, dividir, parcelar y cantonalizar el país, así como disponer de sus recursos naturales, y otros fines que pasan invisibles, como expulsar a los cristianos de Oriente Próximo o inundar Europa de millones de personas extraeuropeas. Y que esto vaya a ser de este modo debería alegrarnos a todos, puesto que al calor de esta guerra se han posicionado un buen número de países que entre sí nada les unen pero que se resisten a morir, a rendirse al mundo unipolar establecido por Estados Unidos y el poder del dinero. Porque se ha trazado una línea, a un lado el atlantismo, el mundialismo, el mundo globalizador, al otro, quienes pretenden defender la identidad de los pueblos, ser dueños de sus destinos y que entienden que no se puede imponer determinados intereses aunque éstos se parapeten en bellas palabras y pomposas declaraciones.

Bien pudiera ser que ante nosotros se esté abriendo una nueva etapa en la que se establezca un nuevo orden mundial multipolar. El tiempo lo dirá.

 

 

 

Carlos Paz y un soldado sirio entrando en una tienda en Damasco
Carlos Paz y un soldado sirio entrando en una tienda en Damasco

 

Minarete de la Mezquita Omeya visto desde Al Hamidiyah

 

La seguridad en Damasco es absoluta

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