Yo soy Negan

Que la serie de Fox “The Walking Dead” empieza oler a auténtica podredumbre es un hecho que refleja su menguante audiencia. Hasta a los más fanáticos del género zombi nos empiezan a resultar ya bastante repetitivas las idas, venidas y tribulaciones de unos personajes cada vez más planos y previsibles. Es posible que el público en general, de forma inconsciente, haya captado que la serie se ha transformado en un compendio de corrección política y de ingeniería social en manos de la Fox.

Y es que los protagonistas principales de “The Walking Dead”, en vez de ser los supervivientes de un cruel apocalipsis zombi, parecen miembros del Comité de Derechos Humanos de la ONU, agentes del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados o voluntarios de SOS Racismo. Los buenos de la serie han perdido cualquier arista y han sido transformado en unos pazguatos sensibleros y demócratas. Por ejemplo, el feroz motero Daryl Dixon ha devenido en un tipo que, de buenas a primeras, se marca un llanto y del que ya no queda ni un ápice de su rebeldía ni de su asocial personalidad.

Por otra parte, es toda una paradoja -que daría para un larguísimo artículo- como la maldad se encarna en personajes de raza blanca y todas las bondades y gracias en actores afroamericanos o de otras minorías. Esto es así incluso en los extras. Pocos afroamericanos, latinos o asiáticos forman parte de las manadas de sicarios y despiadados vándalos.

Como decíamos, la serie estaba abocada a pudrirse del todo. El muerto viviente de más de un lustro iba a perder toda la carne que aún le quedaba pegada a los huesos y quedar reducido a un esqueleto y, con el paso de los años, condenado al inexorable olvido. Sin embargo, llegó él. Aparecieron sus botas, su chupa de cuero, su bate, su sonrisa, su maldad y, por qué no decirlo, su humanidad. Hablamos de Negan, el villano por antonomasia.

Para qué engañarnos, nadie en su sano juicio querría estar regido y gobernado, en una situación normal, por un sociópata como Negan. Pero es que las circunstancias en las que se desarrolla la trama no son para nada corrientes: la civilización ha colapsado y hay que empezar desde cero. No creo que los primeros gobernantes egipcios o mesopotámicos, allí donde los hombres dieron el salto del Neolítico al periodo histórico, fuesen mucho más benévolos y piadosos que el tal Negan. Para muestra el llamado Código de Hammurabi, una de las primeras compilaciones de leyes de la Historia. Sí, el del “ojo por ojo diente por diente” y otras gravísimas penas que la Ley del Talión preceptuaba.

Mientras Negan siga perpetrando alguna de sus ejecuciones y razias a “The Wlaking Dead” le quedará algo de oxígeno en los pulmones. Si Negan muere o él y su Lucille pasan por el tamiz democrático y socialmente correcto de la Fox, podremos dar finalmente por enterrada una serie que ya está durando demasiado.

Francisco Alonso

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