La decepcionante CUP

Está claro que los tiempos cambian y que, por desgracia, la forma de hacer política y de resolver los conflictos dista mucho de la épica revolucionaria de los años 30. Pero, dada su incontinencia y radicalismo verbal, las expectativas puestas en la CUP para que defendiese, con uñas y dientes, su esperpéntica República se han visto frustradas.

Con lo cual, parece que el iracundo fervor revolucionario de la CUP se reduce a las camisetas de Anna Gabriel y a las actuaciones abusonas de sus más jóvenes militantes. Éstos, miembros del lumpen marginal de la extrema izquierda o universitarios pijos de rastas y olor a sobaco, poco valor proletario vienen desplegando últimamente. Lo suyo se queda en agredir, insultar y escupir, siempre cuando son más, a ciudadanos no independentistas o, en un acto de heroísmo supremo, quemar banderas de España o Francia.

Y es que el sillón en el Parlament es confortable y mullido. Las invitaciones, a gastos pagados, para encuentros y reuniones internacionales son interesantes. Las visitas, aquí y allá para, ver a los tovariches de Venezuela, de Europa o del «resto de Estado» molan. Las habitaciones y las camas limpias de los hoteles son más confortables y acogedoras que los colchones orinados de las okupas. Comer en un restaurante, de gañote o gracias a las dietas como cargo electo, es más satisfactorio que el menú de una prisión. La nómina pagada por el opresor Estado español es más sustancial que el sueldecito que han de ganarse los parias de la Tierra y la famélica legión.

Carlos Díaz

Un comentario sobre “La decepcionante CUP

  • el 31 octubre, 2017 a las 3:04 pm
    Permalink

    Hasta en la foto dan náuseas.

    Respuesta

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *