El editorial de la semana: España nación y no Constitución

Que un texto legal, como la Constitución de 1978, y una concreta organización territorial, la autonómica, sean la salvaguardia de la unidad de España es un acto suicida. Porque han sido precisamente la Constitución y las autonomías los marcos en los que, en las últimas décadas, se han venido perpetrando, con la connivencia interesada de los sucesivos gobiernos centrales, las políticas de acoso y derribo a la convivencia y a la unidad de los españoles. Los ahora separatistas o independentistas, antes “nacionalistas moderados”, han jugado cómodamente en el terreno de juego constitucional y autonómico. Tan cómodos que al final se han partido de risa del Estado. Poner a esta Constitución y a las autonomías como garantes de la unidad es, una vez más, poner a las zorras a cuidar gallinas.

Y es que puede resultar emocionante, aunque sea bajo el empalagoso epíteto de “constitucionalistas”, el ver, al fin y de una vez, como millones de españoles se han echado a la calle para defender la unidad. Pero este hecho no debe ser un obstáculo para el debate sobre el cataclismo territorial al que el Estado autonómico ha conducido a nuestro país.

Cada vez son más las voces que, desde el exterior y el interior, se alzan o cuestionan abiertamente las autonomías. En este sentido se manifestaba, esta semana, el prestigioso hispanista estadounidense, Stanley G. Payne. “El Estado de las autonomías fue el gran error, porque debía haber sido más firme en sus límites; su laxitud ha permitido el adoctrinamiento del pensamiento único a través de las escuelas y los medios de comunicación oficiales, y eso es lo que ha llevado a Cataluña a la situación actual”, afirmaba Payne.

Sin embargo, Rajoy, Pedro Sánchez, Albiol o Iceta no quieren ni oír hablar de una reforma constitucional que ponga coto e invierta la marcha de este sinsentido iniciado en 1978. Muy al contrario, se muestran dispuestos a realizar nuevas concesiones periféricas y avanzar en la insolidaridad y en el desorden territorial. De forma tímida, algunas voces en Ciudadanos denuncian el desvarío autonómico. Sin embargo, nadie en el arco parlamentario quiere hacerse portavoz de la auténtica mayoría silenciosa en España. Y esa mayoría es la que componen los millones de españoles, de cualquier ideología y condición, que están absolutamente hartos del Estado autonómico. Un referéndum nacional con una sencillísima fórmula -autonomías ¿sí o no?- aportaría mucha luz al respecto de la opinión que los españoles tienen del disparate opulento, derrochón y desleal de las comunidades autónomas.

Puede que, dadas las graves circunstancias, no sea el momento de discrepancias en el frágil bloque de quienes defienden la unidad de España, aunque sea de esta España debilucha, ambigua y claudicante del 78 y de las autonomías. Pero, en ningún caso, hay que plegarse a la voluntad de los llamados constitucionalistas de soterrar, bajo fórmulas caducas e ineficaces, el descontento de la ciudadanía.

España no es un texto legal o un conglomerado de autonomías porque España no es un contrato. Y aplicar las recetas, que nos han conducido a esta situación, para salvar esta crisis es un verdadero absurdo. España existió antes que la Constitución y ha de sobrevivirla.

Identidad y proyecto. Estos, y no otros, deben ser los ejes que vertebren nuevamente a España. Porque, no olvidemos, una constitución no es más que papel y tinta. Mucho cuidado con aquellos que, desde el ámbito constitucionalista, lanzan proclamas a favor del multiculturalismo -de corte globalista- o denuncian un presunto totalitarismo o fascismo independentista. Los separatistas no son ni fascistas ni totalitarios, sino los renglones torcidos del vigente régimen constitucional o miembros de la izquierda radical. Actores que, al calor del Estado de las autonomías y de la Constitución del 78, se han hecho cada vez más fuertes con la mirada cobarde y displicente del inquilino de turno de La Moncloa.

 

Redacción

Un comentario en “El editorial de la semana: España nación y no Constitución

  • el 29 octubre, 2017 a las 11:27 pm
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    Totalmente de acuerdo.
    España existió antes que la Constitución y ha de sobrevivirla.
    España no es un texto legal o un conglomerado de autonomías porque España no es un contrato.

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