Pensando en Salvador Dalí

Gustavo Morales

Las sucesivas cesiones de soberanía a las autonomías, desde Suárez a Aznar fueron cuantiosas. La peor de todas fue la educación. Los separatistas han criado a una generación desde la escuela hasta la universidad o el taller. Han crecido imbuidos de un mito cuya irrealidad no importa para la capacidad de su efecto movilizador en tanto mito, más aún si es fundacional.

Saben, lo han hecho ellos, que se ha votado de aquella manera y que no son la mayoría pero están en la calle, han hostigado a diez mil policías y guardias civiles, sus banderas ondean en los campanarios. Han montado una campaña perfecta, primero basándose en el derecho a votar, democracia, de la gente esa a la que representa todo el mundo. Luego, desenfocando el hecho del referéndum y poniendo el acento en la actuación policial, que fue de ursulinas para no dar al separatismo un mártir. Cien puntos a los separatistas por el manejo de la información que fluía a los medios.

Se quejan de que el Tribunal Constitucional cercenó el último estatuto. Pues de 223 artículos sólo derogó catorce. Son inútiles las razones, siempre vencen. O se salen con la suya o comienza el Cataloniwood de la opresión y España nos roba.

Son una voluntad expresada en las calles, inmune a los requerimientos del Tribunal Constitucional, con una dirección dividida entre el pactismo del catalanismo de derechas y el irredentismo de la CUP que sólo convergen en el proceso separatista.

Hay poco que negociar. O España es nuestra o Cataluña es suya, las dos cosas no pueden ser. La secesión ha generado un confuso movimiento de rechazo que ha sacado de su apatía política a muchos españoles, no los suficientes, pero sí el caldo de cultivo de una opción españolista. Los problemas vendrán cuando hablemos de la cuestión social pero si hemos llegado a entonces en una sola nación, benditos sean esos problemas. En cualquier caso está claro que hacen falta treinta años de control de la educación en Cataluña y en el resto de España, recuperando el Estado la gestión directa. Treinta años son muchos si no empezamos ya.

La secesión de Cataluña traería en cascada la del País Vasco, Galicia y el irredentismo sobre los Países Catalanes. Es tarde y estará mal hecho pero hay que pararlo y hace falta masa para eso.

Como decía Dalí: «El que quiere interesar a los demás tiene que provocarlos».

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