Benvinguts al Emirat Independent de Catalunya

Cuentan las crónicas que, tras ondear el pendón de las barras sobre las murallas de Palma de Mallorca, Jaime I el Conquistador mesó las barbas del valí moro Abú Yahya. Corría el año de 1229. Hoy, si nuestro gran rey pudiera observar como la casta política catalana está ha entregando esa tierra de su Reino de Aragón, le faltarían manos para arrancar las barbas y bigotes a los Tardá, Junqueras o Rufián o las grasientas y lendrosas melenas de Colau o Gabriel.

Y es que los últimos atentados deberían ser un toque de atención para esos que están a punto de consumar la secesión de Cataluña del resto de España. Un futuro multicultural muy poco halagüeño le espera a esa «pequeña  Suiza» soñada por Artur Mas y otros prebostes de la burguesía catalana.  Máxime, cuando los sucesivos gobiernos que han detentado la Generalitat han favorecido la inmigración procedente de países islámicos. Más de medio millón de musulmanes viven en Cataluña sobre una población de siete millones y medio de personas. Una cifra nada desdeñable.

En esta Cataluña paradójica, previa a su independencia, hasta se ha estudiado ceder la plaza de toros Monumental de Barcelona para la construcción de una gran mezquita. Todo es válido para agasajar a estos nous catalans y expulsar y segregar a los malvados y opresores españoles.

Jaime I, reposen tus ultrajados y profanados restos en los sepulcros del monasterio de Poblet. La desamortización de Mendizabal turbó tu eterno descanso. La desamortización de Cataluña, por el independentismo, amenaza con que la media luna vuelva a imponerse sobre tus antiguos dominios.

Miguel Sardinero

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