El editorial de la semana: No nos robaréis la historia ni la verdad

Esta vez no ha habido perturbado alguno. Las autoridades no han esperado larguísimas horas antes de identificar al presunto autor de los hechos. Los grandes medios de comunicación tampoco han tildado los acontecimientos de “incidente” y rápidamente hasta han desvelado que el detenido es de raza blanca. Periódicos y televisiones se han lanzado como buitres sobre la noticia. “Neonazis”, “supremacistas blancos”, “racistas”… Toda la verborrea y los tópicos de la corrección social del modelo económico y político desplegados para evitar cualquier análisis objetivo sobre los sucesos acaecidos este fin de semana en la ciudad estadounidense de Charlottesville. La actitud de los medios ha sido, simple y llanamente, la diametralmente opuesta a cuando un inmigrante –o descendiente de inmigrantes- arrasa a una multitud de ciudadanos que transitan por una calle, un aeropuerto o cualquier transporte público de cualquier ciudad europea.

Algunos incluso han instado al presidente norteamericano, Donald Trump, a que califique los hechos como “terrorismo supremacista”. Cabría recordar a esta desmemoriada opinión pública que, hace apenas un año, un afroamericano perfectamente armado y pertrechado, Micah Johnson, se llevó por delante la vida de cinco policías en Dallas al grito de “¡voy a matar blancos!”. Se le calificó de perturbado, por cierto.

Comparar lo ocurrido en Charlottesville con, por ejemplo, un atentado yihadista perfectamente organizado y premeditado solamente se sostiene en las demagógicas bocas de algunos políticos y periodistas. Pero, desde luego, en ningún caso se ajusta a la realidad y ningún juez, en su sano juicio, se atrevería a calificarlo de ese modo.

La ciudad de Charlottesville acogía, durante el fin de semana, una protesta de ciudadanos por la retirada de una estatua en honor al héroe de la Confederación de Estados Americanos, el general Robert E. Lee. Diversas agrupaciones políticas, ciudadanas y culturales habían llamado a la movilización contra este agravio a Virginia, pues el general era oriundo de dicho Estado.

Como no podía ser de otra manera, antifascistas, radicales LGTB y miembros de la comunidad afroamericana y judía decidieron boicotear violentamente la manifestación de los patriotas y de los defensores de la memoria del militar sudista. Es un hecho que se repite, como puede verse, a lo largo y ancho del globo. La extrema izquierda -esos parapoliciales inconscientes de las multinacionales y mamporreros de, entre otros, Georges Soros- provocan, atacan y pretenden reventar cualquier tipo de acto o manifestación ciudadana de corte patriota, soberanista, identitaria o contraria a la globalización.

Ante la pasividad de la Guardia Nacional y de la Policía, las amenazas de los antifascistas pasaron a los hechos. Los choques no se hicieron esperar y, como consecuencia de estos enfrentamientos, una mujer, que se encontraba en el lado de los violentos de la extrema izquierda, Heather Heyer, resultó muerta en un atropello aún no aclarado. Este lamentable hecho no hace más que agrandar el panteón de los mártires del antifascismo. Es posible que incluso Heyer haya legado a la humanidad un diario manuscrito que, a partir de ahora, sea de obligada lectura en todos los colegios de primaria de Europa occidental y Estados Unidos.

Distintas personalidades del ámbito patriótico alternativo estadounidense, como David Duke o Alex Jones, ya han alertado sobre la posibilidad de que detrás de la inactividad y pasividad de las fuerzas del orden en Charloltesville se encuentre la intención de criminalizar e ilegalizar cualquier tipo de acto o iniciativa contrario al multiculturalismo y a la globalización.

No es deseable que, en Estados Unidos o en Europa, los patriotas se involucren en este tipo de hechos. En todo momento, han de evitarse las provocaciones. Esto, y no otra cosa, es lo que buscan los antifascistas con sus contramanifestaciones y algaradas. Pero una vez que han sucedido, por tristes que sean los hechos, no queda otra cosa que posicionarnos del lado de nuestra gente y con los que, con mejor o peor tino, defienden la supervivencia de nuestro gran pueblo.

Redacción

4 comentarios en “El editorial de la semana: No nos robaréis la historia ni la verdad

  • el 14 agosto, 2017 a las 1:15 pm
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    Gracias, totalmente de acuerdo y tomamos nota de los consejos.

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  • el 15 agosto, 2017 a las 6:16 am
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    Los negros cuando hubo los disturbios después de ser electo Trump, rodeaban carros y sacaban arrastrando gente blanca de sus carros, así que el tipo que atropelló a la gordinflona teñida de rosa, tuvo motivo para temer por su vida y lanzarles el carro a los terroristas de blm cuando se vio rodeado.

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  • Pingback:Sobre los sucesos de Charlottesville | Postales del fin de los tiempos

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