La presión popular en Italia frena el «ius soli» en el Parlamento

Finalmente, los hijos de inmigrantes nacidos en Italia no serán italianos. El Gobierno de país transalpino, presidido por Paolo Gentiloni, da marcha atrás en la reforma de la política de concesión de la nacionalidad. Y es que el 54% de la opinión pública está en contra de otorgar la nacionalidad a estas personas por el mero hecho de nacer en suelo italiano.

La llegada masiva de inmigrantes a las costas ha despertado la conciencia ciudadana en Italia sobre este problema. Se estima que sean 200.000 los inmigrantes que arriben a Italia durante el 2017, lo cual supondrá una cifra récord. Si la ley que Gentiloni llevó al Parlamento hubiese llegado a aprobarse, 600.000 hijos de inmigrantes -nacidos desde 1998 hasta 2017- cuyos padres hubiesen residido en el país durante cinco años serían, por obra y gracia de la izquierda, nacionalizados italianos.

Además de la derogación del «ius sanguinis» y de la implantación del problemático «ius soli», el izquierdista Partido Democrático pretendía aprobar un sui géneris «ius culturae». Con esta medida se aspiraba a nacionalizar a los extranjeros llegados a Italia antes de los 12 años y que hubiesen completado cinco años de escuela.

La concienciación y movilización de la ciudadanía, contra la pretensión gubernamental de aprobar el «ius soli», ha tenido en CasaPound Italia a su principal agente social. El Movimiento 5 Stelle, Fratelli d’Italia y la Lega Nord han sido las formaciones políticas que, en el Palamento, se opusieron a la modificación de la concesión de la nacionalidad.

Miguel Sardinero 

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