La mierda que nos dejaron Blesa y los suyos

El suicidio de Miguel Blesa, no es una redención por haber llevado a cientos de miles, si no millones, de familias a la ruina, el oprobio social y la desesperación. Mas bien una cobarde huida que confirma aquel carácter egocéntrico y egoísta de un criminal, al menos moral, ya que sus causas se extinguen con su muerte al no haber condenas en firme.

Blesa, como tantos otros prohombres del mundo empresarial y político español, no son solo un recua de ladrones y estafadores, son unos traidores. Y la traición merece la mayor de las condenas, pero de  atenuar tal delito ya se encargó la “demogracia”. Porque Traidor es quien debiendo servir a su pueblo, sirve a sus propios intereses o a los de otros en contra de aquellos que le han depositado su confianza.

Sí, Blesa el traidor ha muerto como un cobarde, víctima del repudio social de los que antes besan el suelo donde pisaba. Ya se sabe que del árbol caído…y si hubiera sido un ajuste de cuentas, pues bueno lo mismo, sin pagar sus daños.

Porque la mierda que nos dio Blesa y los suyos fue inmensa. El amiguísimo de Aznar, como otros muchos de ese estilo, fomentó el eslogan, que luego repetirían como un mantra políticos y periodistas, sobre los “culpables” de la crisis: el españolito que vivía por encima de sus posibilidades.

Las declaraciones de muchos de los directores de sucursal, como éste, son bien claras:

«Se dieron muchísimas hipotecas de hasta el 120% de valor de la casa para que compraran no sólo la casa, sino la amueblaran, se compraran un coche y se fueran de vacaciones».

En todas partes alababan la inversión en ladrillo y el estilo de vida opulento. Donde albañiles y fontaneros podían embarcarse en hipotecas y BMW sin ningún problema, o donde inmigrantes iberoamericanos (principalmente de Perú y Ecuador), aquellos que ,según Aznar, iban a pagarnos las pensiones, compraban pisos sin tener ni siquiera arraigo social. Y así fue. Muchos de ellos, “con el mismo coche con que se habían comprado la hipoteca, se iban al aeropuerto con la familia y abandonaban al país y sus deudas. A veces ni nos entregaban las llaves”, según declara algún director bancario.

Pero en 2008 empezaron a caer de los olmos, no peras, sino disgustos. En 2009 las operaciones de riesgo empezaron a dar problemas. Martinsa Fadesa, Citi National Bank de Florida, pero él seguía en su tren de vida “disparando con pólvora del Rey”, mientras ese año un millón de personas engrosaron las listas del paro.

La guerras internas por el control de Caja Madrid, Aguirre-Gallardón, le empujo a dimitir en 2010.

Lo que en su día fue un instrumento social,  instituciones de crédito sin ánimo de lucro con el propósito de fomentar el ahorro popular y mitigar las necesidades de los más pobres garantizando un mínimo de previsión social, herederas de los Montes de Piedad, las cajas de ahorro, en la primera mitad del SXIX, se volvieron codiciosos pasteles en manos de políticos que las utilizaban para financiar a sus amigos. Como Blesa hacía con  Díaz Ferrán o su amigo del cortijo Puerto de Toro, y así crear una red clientelar.

Es en 1985  (Ley 31/1985) cuando las cajas sufren la gran transformación que las hace dejar su origen social para pasar a operar de modo financiero como una entidad privada. Caen en manos de los políticos que, al servicio siempre de su propio interés partidista y personal, manipulan estas entidades con fines nada claros y muchas veces delictivos. Aquella época dorada del ‘felipismo’. Sí. Fue ese “socialista” -Felipe González- quien abrió de facto las puertas a la especulación y el gran capital con la Directiva 93/13, donde se obviaban las claúsulas abusivas si procedían de la Banca.  Seguido fielmente por su sucesor, con la modificación de la Ley de suelo del señor Aznar.

Y así nos quedamos. Arruinados, en paro, sin casa y sin que nadie, salvo el pueblo con sus impuestos, haya pagado tales desmanes.

Espero que Blesa y los demás responsables de tal traición paguen en un infierno gélido, lejos de sus yates, su vida de lujo y opulencia, toda la mierda que nos han dejado.

Antonio Grafes.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *