Dunkerque o como convertir la espantada en gloria

No se puede negar la maestría de los vencedores de la Segunda Guerra Mundial en manipular, a su antojo e interés, todos los episodios del terrible conflicto que, durante casi seis años, asoló a buena parte del globo. Lejos de ser algo propio del mismo periodo bélico o de la inmediata posguerra, la instrumentalización de los hechos de armas y de otras vicisitudes de la guerra llegan, con más intensidad que nunca, a nuestros días y copan las carteleras de medio mundo.

Christopher Nolan estrena «Dunkerque».  Otra empalagosa cinta más sobre la Segunda Guerra Mundial en la que se retrata la Operación Dinamo. A través de 106  minutos de metraje, el director londinense pretende ponernos en la piel de esos casi 400.000 soldados británicos y franceses que, arrollados por los panzers germanos, quedaron arrinconados en las playas. Mediante cualquier ingenio flotante, estos hombres protagonizaron una de las retiradas menos épicas de la historia militar. Cruzando el canal de la Mancha a toda máquina, abandonaron armas, equipos, pertrechos y, sobre todo, al país galo a una rendición inexorable. Nada que ver, por ejemplo, con la gesta de «los últimos de Filipinas» abandonando Baler, tras una resistencia numantina, bandera en alto y con el reconocimiento de la población local.

Tanto el reparto, con Kenneth Branagh (Wild Wild West o Harry Potter), Cillian Murphy (28 días después), Mark Rylance (Anonymous) y Tom Hardy (Mad Max: Furia en la carretera), como la dirección aportan muy poco a la extensísima e inagotable filmografía sobre la Segunda Guerra Mundial.

La película ha desatado nuevamente el sempiterno debate de «por qué Hitler dejó escapar a centenares de miles de ingleses y franceses» acongojados ante las playas del canal. Sin embargo, cabría preguntarse por qué los británicos, que ejercían el dominio absoluto de los mares y  contaban con una RAF equiparable a la Luftwaffe, en vez de retirar a sus hombres hacia las islas no les proporcionaron los suministros y refuerzos necesarios para continuar la lucha. Una cabeza de playa en la retaguardia alemana y la Home Fleet martilleando a las formaciones blindadas teutonas podrían haber retrasado, e incluso truncado, el triunfal avance de la Wehrmacht hacia París.

Una perspectiva ésta que es discutible desde un punto de vista militar. Pero obviada por libros, documentales y películas que, tras más de 72 años de la rendición alemana, no son otra cosa que burda propaganda bélica. 

Miguel Sardinero 

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