La verdadera cara de la guerra en Siria

Vivimos en la era de la imagen, es obvio. Y el poder de una instantánea puede hacer que la conciencia global llegue a desgarrarse y las redes se inunden de lágrimas. La fotografía del tristemente fallecido Aylan Kurdi o las  terribles imágenes de personas muriendo entre espasmos -en presuntos ataques químicos nunca aclarados- han dado una y mil veces la vuelta al mundo. Siempre en beneficio de unos intereses geopolíticos específicos. En este caso, los de Estados Unidos y su intento de demonización del presidente sirio, Bashar al-Ásad.

En agosto de 2016 le tocó el turno al pequeño de tres años Omran Daqneesh. La escena de un niño aturdido, ensangrentado y rescatado de los escombros se convirtió en el icono de la crueldad de la guerra y de «las víctimas de los bombardeos indiscriminados de las aviaciones rusa y siria».

Hoy sabemos, por boca del propio padre del niño, que la organización yihadista Cascos Blanco, más que preocuparse por rescatar a Omran y a sus hermanas y hermanos, lo único que buscaban eran realizar un vídeo propagandístico. «Los insurgentes aprovecharon la oportunidad de filmar a Omran cuando yo estaba en casa. Salí y pregunté  que dónde estaban mis hijos. Los Cascos Blancos me dijeron que en un hospital, pero se los llevaron para tomar fotografías y vídeos», afirma Mohamed Kheir Daqneesh.

Hoy la familia Daqneesh vive en Alepo, una de las zonas de Siria liberadas por las tropas del presidente al-Ásad.

Cabe preguntarse sobre la manipulación mediática y el velo de la mentira que puede haber caído sobre otros periodos de la historia. Si casos como el de Omran son burdamente instrumentalizados en estos tiempos del «livestream», quién sabe en qué medida los tentáculos de los poderes mundiales han podido distorsionar otros acontecimientos y otras escenas filmadas y fotografiadas en blanco y negro.

Miguel Sardinero

 

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