Egipto, de la violencia a la violencia

Gustavo Morales

En el país de los faraones, un joven comandante crea los Oficiales Libres, tras la derrota egipcia en la guerra de 1948 contra Israel. En 1952 da un golpe de Estado, derroca al rey Faruk I y proclama una república laica, árabe y socialista. Desde 1956 hasta su muerte en 1970, Gamal Abdel Nasser gobierna Egipto.

Para potenciar la agricultura y reducir la importación de alimentos, Nasser proyecta una colosal represa sobre el Nilo. Recoge aportaciones de países donde deposita templos y antigüedades que van a quedar bajo el agua con la presa. Ese es el origen del madrileño Templo de Deboh.

Nasser nacionaliza el canal de Suez, el de mayor tráfico del mundo. Francia y Reino Unido envían paracaidistas al Canal. Israel ocupa militarmente el Sinaí. Comienza la guerra de octubre de 1956. Estados Unidos y la Unión Soviética forzaron a retirarse a los viejos colonialistas galos y británicos.

En febrero de 1958, a iniciativa del Partido Baaz de Siria, se unificaron los dos Estados en la República Árabe Unida, bajo la presidencia de Nasser. Se disolvió en septiembre de 1961.

En la Guerra de los Seis Días, Israel derrotó a los ejércitos egipcio, sirio y jordano. La rapidez y contundencia de los judíos humillaron a los árabes. Nasser quiso dimitir pero los egipcios se lo impidieron. Su prestigio no había mermado.

También inspiró la revolución libia de Gadafi en 1969, que preparó otra unificación política entre Egipto y Libia en 1970, que duró dos años y tampoco cuajó.

Nasser murió de un ataque al corazón en 1970. Le sucedió el general Anwar al Sadat, quien rompió la alianza con Moscú y se acercó a los EE.UU. Sadat fue asesinado durante un desfile por los Hermanos Musulmanes, en venganza por su acuerdo con Israel.

Su sucesor, el general Hosni Mubarak, estableció un largo periodo de orden y relativa tranquilidad, en una red de sobornos y corrupción. La salida de las masas egipcias, representada en las muchedumbres de la Plaza de Tahir, pareció una ventana a la primavera. En las elecciones tras la huida de Mubarak, ganaron los Hermanos Musulmanes y comenzaron a reformar el país dando más poder al presidente Morsi e imponiendo la ley islámica. El Ejército egipcio reaccionó, dio un golpe “constitucional” y convocó unas elecciones que ganó el mariscal Al Sisi. Este personaje tuvo gestos inéditos: dirigirse a los alfaquíes y recriminarles que predicaran la yihad; presentarse en la Misa del Gallo de la sufrida minoría cristiana egipcia y bombardear bases salafistas en Libia cuando se producen asesinatos de cristianos coptos egipcios. Hoy apoya a la coalición de la Liga Árabe que lidera Arabia Saudí.

Hermandad Musulmana

La Sociedad de los Hermanos Musulmanes fue creada por Hassan el-Banna en 1928, acogiendo a refugiados que huyen del rey Abdelaziz ibn Saud. Esos hombres formaron el núcleo duro de la nueva cofradía egipcia. En 1954, Nasser sobrevive a un atentado, disuelve la Hermandad, encarcela a mil hermanos y ejecuta a algunos. El líder árabe los tachó de «saboteadores retrógrados».

Finalmente, en los años 70, la cofradía creó la Yihad Islámica egipcia, antecesora de Daesh-el Estado Islámico-, que buscaba el establecimiento del califato en Egipto.

Aún sin ser “una sociedad secreta wahabita”, la Hermandad Musulmana es una correa de transmisión de la secta madre que tiene su sede en Riad, Arabia Saudí.

Actualmente, la Hermandad Musulmana incluso está representada en Washington, en el Consejo Nacional de Seguridad de Estados Unidos.

Egipto hoy

En las elecciones en Egipto tras la huida de Mubarak, ganaron los Hermanos Musulmanes y comenzaron a reformar el país dando más poder al presidente Morsi e imponiendo la ley islámica. Tras el alzamiento del Ejército en 2013 y los comicios en los que Al Sisi resultó vencedor, el mariscal ha endurecido las condenas contra los violadores sexuales, una lacra en la sociedad egipcia. Cuando los atentados contra los cristianos coptos, el 8% de la población, arreciaban, con matanzas en iglesias, atentados en Domingo de Ramos y ametrallamientos de niños en un autobús por parte de la filial del Estado Islámico, instalada en el Sinaí, el gran mufti de Egipto, Shauki Alam, maldijo «la odiosa operación terrorista consumada por extremistas contra nuestros hermanos cristianos». El presidente Abdelfatah al Sisi fue más allá y ordenó el bombardeó de bases salafistas en Libia en dos ocasiones.

Para reducir la corrupción, Al Sisi ha puesto al ejército a realizar obras públicas y a los jueces al frente de los ministerios. Al Sisi no es homologable con los criterios democráticos occidentales, ha ordenado el bloqueo de dos docenas de publicaciones digitales por propagar la violencia, pero es lo menos malo que le ha sucedido al país de los faraones en las últimas décadas.

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