El editorial de la semana: ¿Tiene Le Pen un plan B?

Los partidos críticos con la inmigración y la UE que, a lo largo de este año, han obtenido unos notables, pero insuficientes, resultados electorales en sus respectivos países parece que van a jugar todas sus bazas por la senda escrupulosamente constitucional. Nada que objetar salvo por dos hechos. El primero, para estas formaciones lo que está en juego no es una mero paquete de medidas fiscales o si se construye una autovía por tal o cual trazado, sino la misma existencia de la nación. Y, en segundo lugar, los sistemas electorales y, sobre todo, la demografía juegan en contra de estas fuerzas políticas.

Es injusto y cerril negar el mérito, por ejemplo, del Frente Nacional. Geert Wilders gustará poco, muy poco o absolutamente nada . O puede considerarse que el FPÖ es un partido descafeinado y justificadamente reprobar su filia hacia el Estado de Israel. Pero estas formaciones, a las que podría calificarse de posibilistas, han sabido leer la situación política de sus respectivos países y tomado el pulso -y conseguido la adhesión- de un porcentaje muy importante de sus compatriotas. Y lo han hecho teniendo casi todo en contra. Desde los medios de comunicación a los mercados de valores y el poder financiero, pasando por todos los prebostes y figurones del establishment mundial -como Obama o Lady Gaga-.  La campaña de criminalización y satanización que se ha orquestado contra las propuestas críticas con el globalismo ha sido atroz e inmisericorde.

Y es que el modelo económico y político no va a dejarse derrotar tan fácilmente. Ahí tenemos el pucherazo en las elecciones presidenciales austriacas. O sistemas electorales, como el francés, que hacen prácticamente inviable que opciones como la de Le Pen puedan alguna vez alzarse con el triunfo. Visto lo visto, es previsible que si un partido auténticamente rupturista, como Amanecer Dorado, llegase un día al Gobierno, incluso por la vía más escrupulosamente democrática, la respuesta de los mercados y del globalismo viniese en forma de golpe de Estado o de guerra civil.

Por otra parte, el punto de no retorno demográfico al que se está llegando en Europa Occidental es una verdadera cuenta atrás. Las poblaciones autóctonas tienen cada vez menos hijos y los inmigrantes -y sus descendientes- una mayor tasa de natalidad Por no hablar de las políticas de naturalizaciones masivas de extranjeros y de la concesión de la nacionalidad, con una pasmosa facilidad, a estas personas. Tampoco hay que obviar el hecho del éxodo de los habitantes de las áreas rurales e industriales hacia unas mega urbes  superpobladas, cosmopolitas y multiculturales.

Si a todo esto -sistemas electorales netamente beligerantes, retroceso demográfico de los autóctonos y concentración urbanita – le sumamos el adoctrinamiento en la ideología globalista que, desde la más tierna infancia, las poblaciones europeas padecen, las posibilidades de que partidos como el Frente Nacional ganen unas elecciones van a caer, año tras año, en picado.El régimen actual va a poner en liza todo su arsenal para evitar cualquier riesgo. Presiones económicas, bombardeo mediático y toda una panoplia de subterfugios jurídicos y parlamentarios con los que hacer encallar cualquier intento de disidencia por medida que ésta sea. Tras el varapalo de las elecciones presidenciales francesas, aquellos que sueñan con un cambio cómodo y sin riesgos ya pueden ir despertando.

En la búsqueda de la normalización y de la aceptación por parte del electorado, estas opciones posibilistas han abandonado, en buena medida, la calle y el sentido clásico de la militancia política. En sus filas por supuesto que quedan idealistas y personas entregadas y comprometidas. Pero no se vislumbra en ninguno de ellos estrategias complementarias a la netamente electoralista. Con lo que el riesgo de que, con el transcurrir de las décadas, estos partidos políticos se vayan marchitando y se conviertan en un elemento reaccionario y residual -como así le ocurrió al legitimismo y a otras tendencias tradicionalistas- es un hecho.

No se trata de lanzarse a diseñar absurdas conspiraciones, de zambullirse nuevamente en la marginalidad o de, al menos de momento, apostar por una vía insurreccional. Pero paralelamente a la necesaria acción electoral hay que ir conquistando más y más  espacios dentro de la sociedad y construir elementos de contrapoder que, en muchos casos, pueden ofrecer una consistencia mayor que unos siempre volátiles resultados electorales. Se trata de iniciativas patriotas de gestión contra las situaciones de emergencia social y el problema de la vivienda, estudiantiles, sindicales, medioambientales, culturales, etc., etc.

Todo un enorme frente que levantar para conformar una auténtica alternativa social a un Estado que, como consecuencia de su propia ideología, hace aguas y deja desamparados, cada vez más, a un mayor número de compatriotas. Porque de lo contrario, si se apuesta únicamente por el partido, por el despacho y, en el mejor de los casos, por la enérgica protesta parlamentaria la gente terminará por ver en las opciones críticas con el globalismo a una panda más de políticos y convidados.

Es mucho más que probable que la victoria de una opción patriota en Europa no venga de la mano de una mágica noche electoral y de celebraciones en un hotel de lujo con bailes al ritmo de música disco, sino del colapso del modelo económico y político vigente.

Para ese momento, en el que la cuestión será no dejar caer a nuestra gente en el vacío de la más absoluta tiranía tecno-liberal, además de presencia en las instituciones y de contar con un porcentaje significativo de apoyos en la sociedad, harán falta hombres y mujeres dispuestos a ofrecer, por la libertad y la justicia, algo mucho más que su voto.

Es esta estrategia de alternativa social la que escandalosamente descuidan líderes como Marine Le Pen. El anuncio, en la misma noche electoral, de la liquidación del Frente Nacional no hace albergar muchas esperanzas al respecto, sino de todo lo contrario. Por ello, se le podría recordar Marine Le Pen la famosa cita de Oswald Spengler:

«A última hora siempre ha sido un pelotón de soldados el que ha salvado la civilización»

Redacción

Un comentario en “El editorial de la semana: ¿Tiene Le Pen un plan B?

  • el 10 mayo, 2017 a las 6:59 am
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