Iconos del welcomismo

Si hay algo que los amantes de la diversidad mal entendida, el Refugees Welcome, y la libertad sin obligaciones manejan a la perfección, son las redes sociales. Su capacidad para proyectar su postureo exacerbado es digna de admiración.

Contar con el favor apasionado de los medios de comunicación ayuda bastante, claro. Pero no tener vergüenza ni haberla conocido es sin duda el secreto del éxito de los nuevos iconos del «welcomismo».

Recientemente habíamos padecido varias ediciones de diferentes divas de la tolerancia, encarnadas en mujeres no europeas (y un par de acaramelados homosexuales) que plantaban cara con artificial audacia a malvados hombres blancos que se manifestaban por su identidad nacional que, todo hay que decirlo, ignoraban a las heroínas welcomitas. Todo mágicamente plasmado en casuales instantáneas de fotógrafos que pasaban por allí. Si cualquier mortal necesita hacerse 500 fotos para obtener una de perfil medio decente, estas muchachas tenían el don de aparecer divinas en una fotillo sacada sin querer, mientras se enfrentaban a una muerte segura ante las hordas del mal.

Pero cuando parecía que no se podía sobreactuar más, llega una instantánea desde la República Checa que ya es el acabose: frente al consabido nazi malvado comeniños aparece, como un angelito explorador ¡una girl scout! Con uniforme y todo. Y enmarcando su heroica efigie, nada menos que unas pompas de jabón, en lo que parece un inesperado guiño al universo Bob Esponja.

Impresionante.

Sólo podría ser superada en adorabilidad por un gatito, un bebé chino o una niñita negra haciendo la Comunión, pero eran opciones demasiado arriesgadas. Sobre todo la última, ya que de todos es sabido que toda expresión de catolicismo es un hecho vergonzante, porque aquello de la libertad religiosa excluye a los católicos.

No deja de ser paradójico que la imagen de la dulce niña scout frente al Fascismo en la manifestación del 1 de Mayo se haga viral, mientras las imágenes de los ya tradicionales disturbios protagonizados por otros welcomitas en otras ciudades de Europa, pasen desapercibidas.

Sin duda los antifascistas destrozando medio Berlín, arrasando Turin o lanzando cócteles molotov en París, resultan mucho menos encantadores que la sonriente niñita exploradora de la República Checa. Dónde va a parar…

Ana Pavón

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