Primeros cien días de Trump: poco control migratorio y más tensión internacional

Las palabras del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, en las escaleras del Capitolio el día de su toma de posesión son ya un lejano eco. Tras cien días al frente de la primera potencia mundial, las medidas con las que el magnate pretendía recobrar el control de las fronteras del país se desvanecen entre las trabas judiciales y la búsqueda de apoyos en las élites su propio partido.

Los decretos presidenciales se encuentran en vía muerta, los recortes a las ciudades santuario de inmigrantes ilegales no se vislumbran y el muro que habría de sellar la frontera con México se ha quedado, hasta el momento, en un proyecto aparcado. En lo referente a las medidas de protección a la economía norteamericana, Trump ha pasado de querer tumbar el acuerdo de libre comercio con México y Canadá (NAFTA) a renegociarlo.

Desciciéndose una y otra vez, Trump buscar en una agresiva política internacional el contrapeso a su dislate y a la falta de seriedad en política interna. La agresión con misiles Tomahawk a Siria y una escalada militar con Corea del Norte, ponen al presidente en la línea de los halcones republicanos y de los intereses de la poderosísima industria armamentística.

La pérdida de apoyos entre notables personalidades de la denominada «derecha alternativa» y dentro de su electorado más fiel -obrero y blanco- han dejado la popularidad de Trump, después de tan sólo cien días de mandato, bajo mínimos.

Miguel Sardinero

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