Los kurdos y EE.UU. cortan a al-Ásad el camino hacia Raqqa

Las últimas semanas en el conflicto que asola el país árabe no son muy halagüeñas para el futuro de Siria. Pese al éxito militar en la liberación de Alepo y la segunda liberación de Palmira, el escenario que se está planteando sobre el terreno dista mucho de ser favorecedor para el presidente sirio, Bashar al-Ásad.

Las milicias kurdas del YPG han arrebatado al Estado Islámico, con la ayuda de fuerzas especiales estadounidenses, la estratégica base aérea de Tabqa. De esta forma, los kurdos –cobijados bajo las siglas de las autodenominadas Fuerzas Democráticas Sirias- cortan el paso al Ejército de al-Ásad que, desde el este de la provincia de Alepo, avanzaban hacia Raqqa.

Además, los kurdos ya han anunciado que, de tomar la ciudad de Raqqa, mantendrán bajo su control la hasta ahora capital del Estado Islámico.

En otros frentes,  los terroristas apoyados por Turquía han logrado significativos avances frente al Estado Islámico –como en el desierto central sirio- o frente a las tropas gubernamentales, en el norte de Hama.

El agotamiento, tras más de seis años de conflicto, y la intervención sobre el terreno de tropas estadounidenses y turcas pueden relegar el papel del Ejército sirio en el conflicto.

Francisco Alonso

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