El editorial de la semana: La estiba y la Patria

Solamente hay que ver las imágenes de las movilizaciones de los trabajadores de la estiba para vislumbrar que el sector encargado de la carga y descarga en nuestros puertos emplea, de forma mayoritaria, a españoles. Españoles de verdad, no a esas personas extranjeras a las que una legislación inconsciente regala nuestra nacionalidad y les expide un D.N.I.

Un trabajo el de la estiba que, en muchas ocasiones, ha pasado de generación en generación. Un trabajo de esfuerzo y dureza, ahora atenuada por los avances en infraestructuras y tecnología. Pero que implica un alto grado de siniestralidad: en 2016 se contabilizaron más de 1.000 accidentes en los puertos–en un sector que ocupa a 6.000 trabajadores- y fueron seis las víctimas mortales.

Mucho se ha hablado de una presunta mafia de los estibadores o de remuneraciones próximas a la de los cargos políticos que saquean nuestro país. Nada más lejos de la realidad. Los estibadores, hasta la fecha, han conseguido frenar la irrupción en el sector de las infames empresas de trabajo temporal gracias a la Sociedad Anónima de Gestión Estibadores Portuarios. Y si hablamos de sueldos altos, en Estados Unidos los estibadores cobran 100.000 dólares por año. En España el salario de un estibador oscila entre 30.000 y 40.000 euros brutos al año. ¿No deberíamos alegrarnos todos por el sueldo de los estibadores y luchar por alcanzar su nivel en vez de proferir contra ellos envidiosas y cobardes invectivas?

Ante esta realidad, duele cierta incomprensión o beligerancia hacia los estibadores de personas que dicen profesar inquietudes patrióticas. Mucho nos tememos que hay españoles a los que su patriotismo no les lleva mucho más allá de su pulsera o polo con la bandera de España o, en otros casos, es un mero acto reflejo cuando el alcalde o alcaldesa podemita de turno talibaniza su localidad cambiando el nombre de tal o cual calle.

Y es que en la liberalización de la estiba concurren elementos de una trascendencia mucho mayor que las justas reivindicaciones de los trabajadores de los puertos. Una realidad que la derecha más rancia -sobre todo la mediática- y presuntamente patriota pretende solapar con la intención de poner a buena parte de la opinión pública en contra los estibadores.

El modelo económico y político habla de liberalizar la estiba, de mejorar la competitividad de los transportes marítimos, de la flexibilidad en la contratación o de la multa de 134.000 euros diarios impuesta a España por Bruselas.

Pero sería mucho más correcto afirmar que el conflicto de la estiba es un campo de batalla, uno de los últimos en el ámbito laboral, contra la precariedad y la pérdida de soberanía de nuestro país frente a la UE y a los grandes poderes económicos y financieros.

Fue en 2010 cuando el grupo JP Morgan compró a ACS, del magnate Florentino Pérez, Dragados Servicios Portuarios y de Logística. La compañía cambió de nombre pasando a denominarse Noatum Ports. Es desde este momento, y bajo la presión de la banca judía JP Morgan, cuando la Comisión Europea se lanza contra España. En 2011 comienza un procedimiento administrativo que culmina con la sentencia condenatoria del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, de 11 de diciembre de 2014, contra el Reino de España.

El Gobierno de Mariano Rajoy, como no podía ser de otro modo, se ha plegado a poner patas arriba el sector de la estiba sin la menor oposición a los designios de la burocracia de la UE. Probablemente, los estibadores españoles comprendan ahora mucho más a los ciudadanos británicos que votaron a favor del “Brexit”.

Con la liberalización en ciernes, JP Morgan se dispone a vender Noatum Ports a las navieras chinas Cosco o China Merchants. La reducción de salarios o la contratación de estibadores por ETT’s suponen un suculento activo para los intereses chinos de hacerse con las terminales que dan acceso al mercado europeo.

Como consecuencia de la traición del Gobierno y de la posición de España respecto a la UE –asimilable a la de un régimen colonial- la batalla de la estiba es una batalla perdida. A los estibadores les queda ahora lograr una rendición honrosa. Su lucha y patriotismo, consciente o inconsciente, ahí quedan como ejemplo para toda la ciudadanía. Aquellos que tanto han intoxicado e intoxican contra los trabajadores, mayoritariamente españoles, de la estiba tendrán la dudosa satisfacción de ver como nuestros puertos se irán llenando de porteadores subsaharianos, magrebíes o sudamericanos bajo el látigo inmisericorde de las navieras chinas.

 

Redacción

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