De colas, orejas y gesticulación política

Este jueves el Congreso ha prohibido la amputación de las colas de perros por razones meramente estéticas o de “mayor eficacia” para la caza, con los votos a favor de Unidos Podemos, PSOE y ERC, la abstención de Ciudadanos y PNV, y el voto en contra del PP.

La norma supone la ratificación del ‘Convenio europeo sobre protección de animales de compañía’ de 1987, que prohíbe las operaciones quirúrgicas a mascotas “cuyo objeto sea modificar la apariencia de un animal de compañía o conseguir otros fines no curativos”. Del mismo modo, tampoco estará permitido cortarles las orejas, la sección de las cuerdas vocales y la extirpación de uñas y dientes.

Como amante de los perros que soy, no puedo más que congratularme ante cualquier noticia que suponga una mayor protección de una especie que ha acompañado al ser humano desde tiempos ancestrales.

La cola de un perro es la continuación de la columna vertebral y un elemento importante para mantener el equilibrio. Su amputación puede traer aparejados problemas de locomoción, comunicación e interacción social, ya que la cola es un elemento que interviene en la comunicación del animal, mediante el que expresa determinados estados de ánimo y sentimientos.

No es menos cierto, que en determinadas funciones cinegéticas, una cola u orejas largas puede conllevar lesiones, desgarros graves y otras complicaciones, que finalmente está ley no contempla.

Sea como sea, a nadie se le escapa que en todo este debate perruno, existe mucho postureo y gesticulación política. Unos y otros partidos se han posicionado más mirando en los votos que les puede sumar o restar, sin valorar las consecuencias reales que puede suponer una ley como esta.

Si un veterinario no puede legalmente, ¿quién cortará la cola a partir de ahora a los perros de caza?, ¿quién vigilará que estas prácticas no sigan realizándose? Y en el caso de conseguirlo, ¿que suerte tendrán los perros que desempeñando estas funciones sufran desgarros y resulten gravemente heridos?

Sinceramente y conociendo en profundidad el mundo del perro como conozco, creo que colas y orejas son el menor de los problemas en un mundillo que no deja de ser un gran negocio.

Antes de la revolución industrial (siglo XIX), los perros eran considerados herramientas de trabajo al servicio del hombre, y se seleccionaban atendiendo a estos mismos criterios, potenciando determinadas aptitudes que dieron lugar a diferentes grupos raciales.
En la selección actual de las razas modernas, estos criterios suelen obviarse,atendiendo exclusivamente a motivaciones estéticas, caprichos o modas. Grandes razas son hoy en día, una caricatura de lo que fueron en su día, una tipicidad extrema que condena a miles de ejemplares a una vida llena de enfermedades y limitaciones de todo tipo.

Cabe preguntar a políticos y animalistas: ¿Para cuando una ley que regule la cría, selección y venta de perros?

Una ley que prohíba y regule su venta entre particulares, que forme en unas normas sanitarias mínimas a profesionales, exigiéndoles los permisos y las instalaciones pertinentes y que regule una actividad económica que mueve millones de euros en toda España. En definitiva, una ley integral del perro ,en lugar de parches, ocurrencias y postureo animalista.

Pedro S. Escobar

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