Willy, el refugiado

Que Willy Toledo vuelva a soltar algún rebuzno de forma pública y notoria ya no es novedad. El presunto actor madrileño trata de llamar la atención cada vez que puede emitiendo algún exabrupto, en una dinámica que ya resulta tediosa. Noticia sería, en su caso, que trabajara en lo que supuestamente es su gremio. Y que lo hiciera bien ya sería, además, un milagro.

A Willy Toledo se le conoce por cagarse en el 12 de Octubre, en Los Conquistadores y en La Virgen del Pilar, por amenazar a mujeres (la portavoz del Hogar Social, por ejemplo) en Twitter, por alegrarse de la agresión en grupo a una chica de 19 años, por destrozar un bar durante una huelga general y por marcharse a Cuba a disfrutar en vivo del comunismo desde una mansión (y desgraciadamente, volver de vez en cuando). No por bordar ningún papel en cine, teatro o televisión, sino por faltar a unos u otros, cada vez que algún medio le hace un poco de caso.

Después de defender a Miren Gaztañaga, otra actriz que tampoco ha saltado a la fama por su trabajo, sino por llamar catetos a los españoles (como si ella fuera pakistaní), Willy ha declarado que ha tenido que marcharse a Argentina ya que, según su peculiar interpretación de la realidad, nadie le contrata en España porque dice públicamente lo que piensa. El señor Toledo olvida que también podría resultar decisivo a la hora de contratarle, el hecho de que sus dotes interpretativas sean las mismas que las de un protozoo.

En estos momentos, los únicos que podrían estar preocupados por la marcha de Willy, serían aquellos españoles que tengan seres queridos en Argentina.

Ana Pavón

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