Coca Cola también sale del armario

Que detrás del bombardeo mediático-publicitario de la apología arcoíris se esconde el interés, siempre sucio y torticero, de los mercados es algo muy obvio. Para muestra de ello, el bebedizo universal -Coca Cola- ha lanzado un anuncio en el que se sube nuevamente a la carroza.

No es la primera vez que la compañía mundial por antonomasia y quintaesencia del globalismo se suma a la operación de ingeniería social que padece, fundamentalmente, Europa Occidental. Pero esta vez han dado otra vuelta de tuerca al asunto.

Ante un fornido y sudoroso jardinero que está limpiando una piscina, Coca Cola nos ofrece la pugna de dos loquitas – hermana loquita y su hermano loquita- en una carrera en la que se obstaculizan, zancadillean y luchan por llevar, al jardinero,  una botella del famosísimo refresco.

Finalmente, cuando ambos hermanos llegan al exterior de su casa, el chasco no puede ser mayor: la mamá se ha anticipado a su hijita e hijito y ya le ha proporcionado una coca cola al jardinero. Todo un guiño a las cincuentonas con ganas de guerra.

¡Qué gran modelo familiar nos propone Coca Cola! Pero visto lo visto, podemos estarle casi agradecidos por cierta contención a la hora de haber realizado, “Pool Boy”, que así se llama el anuncio.

Bien pudiera haber ocupado el papel de jardinero un mandinga, un nubio o un hércules de ébano cualquiera. Sería toda una metáfora de como los poderes económicos quieren vernos a los europeos y europeas y del papel que nos tienen reservado en un futuro muy próximo: ofrecer un refresco antes de ofrecernos también nosotros.

O ahora, en plena efervescencia de la polémica transgénero, el papá de la loquita ella y de la loquita él podría no aparecer en “Pool Party” porque a sus, por ejemplo, cincuenta y dos años se había dado cuenta que era una mujer con pene. Ya no se llamaría Ambrosio, sino Ambrosia. La cual no debemos confundir con la ambrosía de los dioses olímpicos.

Nos queda preguntarnos amargamente si “Pool Boy” va a ser emitido en las televisiones de países como Arabia Saudí, Qatar o Emiratos Árabes Unidos o, por el contrario, es un tratamiento de “electroshock” reservado únicamente para esa acumulación de mierda a la que se denomina Occidente.

Miguel Sardinero

 

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