Humano, demasiado humano…

Bueno, pues ahora que la homosexualidad, la bisexualidad, la pansexualidad, la asexualidad, la polisexualidad y demás derivados insólitos, se han convertido en prácticas de casi obligado cumplimiento para todo el que quiera ser moderno y guay, y que la transexualidad ha sido completamente asimilada por nuestra avanzadísima sociedad (por decreto ley, que siempre ayuda mucho a asimilar las cosas), la juventud del primer mundo se ha lanzado a encontrar nuevos horizontes en los que localizar su verdadera esencia. Que los modernos andan buscando nuevas mamarrachadas que hacer para llamar la atención, vamos.

Si medicarse de por vida y extirparse partes sanas del cuerpo para aparentar ser del sexo contrario era hace unos años algo peculiar, ahora surge una corriente de sujetos aún más ambiciosa que trata de convertir sus cuerpos en un híbrido a medio camino entre un pc y un friki común: el transhumanismo. Este nuevo colectivo se dedica a implantarse conectores usb y otros accesorios informáticos en diferentes partes de su anatomía. La única pega es que, de momento, se operan ellos mismos y, bueno, ninguno es médico ni nada parecido, pero la revolución transhumanista no puede detenerse por esos pequeños detalles.

También ha emergido con fuerza otra novedosa corriente nacida de la idea, cada vez más extendida, de que ser un humano normal y corriente está ya muy visto. Elegir entre ser hombre o mujer lo puede hacer cualquiera, pero dar el paso al cambio de especie requiere ya un grado de cretinismo más elaborado.
Aparece así el transespecismo, nutrido de individuos que dicen ser animales encerrados en cuerpos humanos y que pasan auténticos calvarios porque la sociedad no está preparada para integrar a gatos que parecen ser chavalas de 70kg o lagartos con la apariencia de un señor de Wisconsin.

No confundir este grupo con los nuevos antiespecistas. Una vuelta de tuerca al animalismo que equipara al ser humano con el resto de especies y que lucha contra la discriminación por motivos de especie: Un humano no es superior a un escarabajo pelotero, por ejemplo, sólo por haber nacido con unos privilegios adquiridos. La última campaña de este colectivo trata de concienciar del daño que hace a los sentimientos de las demás especies insultar usando nombres de animales: “qué tío cerdo”, “vaya burrada” o “no seas pava” son expresiones que deben ser erradicadas de nuestro léxico, por el bien de una sociedad en la que todas las especies vivan en fraternal armonía.

Existen, además, algunos visionarios en esto de la evolución mal entendida, como un chaval de Los Ángeles que lleva operándose desde los 17 años para parecer un alien asexual. De momento, cinco años después, lo único que ha conseguido es dar mucho repelús, pero parece decidido a continuar su vertiginosa carrera hacia el ridículo interestelar. Lo más llamativo, aparte de saber qué clase de padres tiene este muchacho, es que a día de hoy lleva gastados más de 47.000€, probablemente recibidos de algún patrocinador con el sentido de la estética atrofiado, ya que el chico no tiene apariencia de trabajar en ninguna empresa normal.

En definitiva, todo parece indicar que la evolución arrastra al ser humano a dejar de serlo para convertirse en algo francamente inquietante.

Si Darwin levantara la cabeza…

Ana Pavón

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