La mentira laicista sobre las relaciones Iglesia-Estado

Hace tan solo dos semanas la Comisión Mixta (Congreso-Senado) debatió sobre la fiscalización de los recursos públicos que la Iglesia Católica (la organización religiosa más poderosa del mundo) recibe del Estado a través del 0,7% del IRPF, así como de los fondos para el cumplimientos de la Ley de Dependencia.

El debate sirvió para que una vez más los abanderados del laicismo volvieran a acusar a la Iglesia de secretismo en su financiación y privilegio, a pesar de que esta institución rinde cuentas todos los años.

Lo que quiere la izquierda no es información, ni cuentas claras, sino acabar con esta financiación de la que también gozan las ONG (casilla de Asuntos Sociales), al igual que quieren acabar con la exención de pagar el IBI (Impuesto de Bienes Inmuebles) de lugares de culto. La misma exención de la que gozan el resto de confesiones religiosas o partidos políticos, por ejemplo.

Todos los años se saca a la luz el dinero que recibe la Iglesia del IRPF, unos 250 millones de euros, y lo que se ahorra al no tener que pagar algunos impuestos. En total, según algunos cálculos, unos 11.000 millones de euros. Cifra que comparada con la estimada de unos 30.000 millones de euros que la Iglesia ahorra al Estado con los servicios que presta viene a reflejar las auténticas intenciones de las campañas laicistas pidiendo acabar con los «privilegios» de la Iglesia.

Si la Iglesia no realizase toda su actividad asistencial, educativa, cultural, sanitaria… por tener que pagar todos esos impuestos, al Estado le costaría no solo 30.000 millones de euros,  sino mucho más porque cientos de personas quedarían completamente desatendidas.

Las afirmaciones laicistas de que es el Estado quien baña en euros a la institución católica es falsa también, ya que, en realidad, son los fieles sus mayores benefactores directos. Según la Conferencia Episcopal, la mayor fuente de ingresos son las propias aportaciones voluntarias de los fieles.

Este dato varía según la diócesis, pero de media se trata del 37% de los ingresos, un 14% más que el 23% que supone el dinero de la asignación tributaria. En cuanto a los gastos que soporta, un 26% se emplea en acción pastoral, mismo porcentaje que el empleado en la conservación de edificios y gastos de funcionamiento.

Si la Iglesia dejara de arrimar el hombro el Estado español se tambalearía. Y como la izquierda sabe que no lo hará, no duda en lanzar el infundio de que es una privilegiada.

M. García

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