El Holocausto de Dresde

Convertir ciudades enteras en campos de exterminio fue una técnica en la que, durante la Segunda Guerra Mundial,  los Aliados –sobre todo las democracias parlamentarias- adquirieron una gran destreza y refinada técnica. Hacer de una ciudad un inmenso horno crematorio alcanzó en la ciudad alemana de Dresde una dimensión colosal de muerte y horror.

Son estas masacres una línea muy corta que, de manera sucinta, los historiadores y los medios de comunicación leen en voz rápida y baja. Y, como no podía ser menos, siempre reduciendo el número de víctimas. Por el contrario, otras cifras son blindadas penalmente por el ordenamiento jurídico de cada vez más países.

Corría el final de la guerra cuando el mariscal del aire británico, Sir Arthur Harris, decidió, como en tantas otras ocasiones con el beneplácito del primer ministro, Winston Churchill, borrar de la faz de la tierra una ciudad alemana más. En esta ocasión le tocó el turno a la “Venecia del Norte” y Dresde debía ser arrasada.

En febrero de 1945, Dresde era una ciudad atestada de refugiados que huían del avance del Ejército Rojo en el este. Las masacres, las torturas y, sobre todo,  las violaciones masivas que las tropas soviéticas perpetraban a su paso provocaron la estampida de la población civil alemana hacia el oeste. La posibilidad de caer en manos de los anglo-norteamericanos se antojaba como un mal menor si era comparado con la arremetida bolchevique. Aquellos refugiados germanos se equivocaron y comprobarían, en sus propias carnes, la nula benevolencia de los aviones de las democracias.

Harris, que cuenta con varias estatuas en su honor en suelo británico, lanzó sus aparatos, junto a otros de las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos, en varias oleadas sobre la urbe. En la noche del 13 al 14 de febrero dio comienzo el horror, el cual se prolongó hasta el día 15. Más de 4.000 toneladas de bombas cayeron sobre la ciudad. Curiosamente, los complejos industriales que aún se mantenían en pie no fueron bombardeados.

Entre las miles de toneladas de bombas arrojadas casi un millón eran artefactos incendiarios. La combinación de los explosivos con las bombas incendiarias provocó un huracán de fuego que, al consumir cantidades ingentes de oxígeno, succionaba a todo ser viviente. La sucesión del bombardeo en varias oleadas estaba planificado para impedir la acción de los equipos de bomberos.

Algunos historiadores afirman que, de esta manera atroz, despedazados por las explosiones, asfixiados por los gases y la falta de oxígeno, abrasados vivos o prácticamente vaporizados, murieron más de 200.000 niños, mujeres y ancianos.

Otros, queriendo siempre minimizar el impacto de las atrocidades cometidas por los Aliados, han rebajado la cifra, de forma insultante, hasta los 10.000.

Las pruebas documentales apuntan a que, hasta la capitulación alemana, las autoridades germanas habían rescatado más de 200.000 cadáveres. Los muertos eran apilados sobre parrillas hechas con raíles de tranvía para ser incinerados y evitar la propagación de epidemias. Paradójicamente, esas dantescas imágenes han ilustrado e ilustran un sinnúmero de libros y páginas en internet que tratan y versan sobre los campos de concentración alemanes.

No hubo piedad para un pueblo cuyo Ejército aún resistía pero cuya derrota era ya inevitable y obvia. No llegarían a los tres meses cuando, el 8 de mayo, se produjo la rendición.

Hoy, frente a la iglesia de Nuestra Señora, uno de los símbolos de la destrucción de Dresde, las autoridades municipales han plantado verticalmente tres autocares que pretenden ser un monumento a las víctimas de la guerra en Siria. Concretamente, a los civiles muertos en Alepo.

Los bombardeos que lamentablemente la población ha padecido en Alepo no son, si se compara con el bombardeo aliado de Dresde, sino una escaramuza. Aunque es loable el recuerdo y homenaje a todas las personas que, sin ser combatientes, encuentran la muerte en un conflicto bélico, no deja de llamar la atención como ha calado en Alemania un profundo sentimiento histórico-masoquista. Ocultar las víctimas y pretender olvidar la tragedia propia para desgarrarse con el sufrimiento de los otros.  Una operación más de la gran sustitución que estamos sufriendo en Europa: sustituyéndonos como personas y sustituyendo nuestra memoria.

Miguel Sardinero

5 comentarios en “El Holocausto de Dresde

  • el 14 febrero, 2017 a las 10:37 pm
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    Es lo que se conoce, en términos antiguos, como Crímenes de Lesa Majestad ( ya posteriormente como Crímenes de Lesa Humanidad ), según los eruditos en esos campos y análisis de la temática.

    Tragedias casi siempre olvidadas por la industria jolivudiense.

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  • Pingback:El Holocausto de Dresde | waldemarbranas

  • el 14 febrero, 2020 a las 4:32 am
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    ¿Quienes son los estalinistas que publican este libelo? Lo más probable es que sea Podemos con los millones de dólares que les dieron Correa, Maduro Y Evo. Si los españoles no despiertan a tiempo estos farsantes van a hundir a España.

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  • el 15 febrero, 2020 a las 6:04 am
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    Renacera su Gloria como el Ave Fenix. Este ciclo Historico ya esta en Decadencia. El Regreso de su Gloria no solo sera en Alemania, sino en el Mundo entero. Sera inevitable. En cada continente, en cada Pais. Recomiendo estudiar detenidamente, a Savitri Devi.

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