El cantar de los pájaros

Domingo noche y llueve en Madrid. Esto no ayuda a mi natural estado depresivo, acrecentado además por haber coincidido con Cospedal imaginando el congreso de Podemos como un concierto de Pimpinela. ¿Quién es? Soy yo ¿Qué vienes a buscar? A ti. Ya es tarde. ¿Por qué? Porque ahora soy yo la que quiere estar sin ti… Por eso vete, olvida mi nombre, mi cara, mi casa, y pega la vuelta. Vete, olvida mis ojos, mis manos, mis labios, que no te desean… Perdone el lector la parrafada, pero no me negarán que es divertido canturrearlo imaginando a Iglesias y a Errejón interpretando a la pareja que resultaron ser hermanos. Los podemitas no, los podemitas o son primos o nos toman como tal, con este debate impostado desde hace semanas que les ha permitido ocupar las primeras páginas de la política. Que se besen, que se besen, habrán cantado a coro las huestes, tan aficionados como son al soviético beso en la boca. Es-cán-da-lo, hubiera cantado Raphael.

Pero volvamos a no me llames Dolores, llámame Lola, esa mujer orquesta que puede tocar desde la secretaría general de los populares y desde el Ministerio de Defensa a la vez. Si bien es cierto que lo suyo tiene truco, siempre da el cante en diferido. La música y dar la nota le gustan, aunque a veces parodie a un rockero al terminar un concierto cuando se pone a romper discos, concretamente los duros del ordenador de Bárcenas. Aún así ha tenido tiempo para dirigir el otro congreso de este fin de semana, el del PP. Un congreso que comenzó con todo el pescado vendido, debatiendo como máxima controversia quien se iba a comer ese pescado, si una gaviota o un charrán. Debate de agua dulce, agua salá, según su cantante de cabecera, Don Julio Iglesias, ya que por lo visto, una es de mar y el otro de río.

Reconozco qué desconocía que era un charrán, así que me dirigí al diccionario de la RAE. En su primera acepción, lo define como pillo, tunante. En la segunda dice que es un ave de cuerpo grácil, parte superior de la cabeza de color negro, pico largo y afilado, y cola profundamente ahorquillada. Al no haber ningún sujeto así entre los populares, es obvio que se refiere a la primera definición, abundantes al menos como las cien gaviotas de Duncan Dhu. El debate era además innecesario, se advierte claramente la diferencia entre una gaviota y un político del PP. Mientras que uno es carroñero, voraz y agresivo, el otro es un ave marina. Pobre tonto, ingenuo charlatán, se creía gaviota, y resultó ser un charrán, sería la versión actualizada del éxito de Pablo Abraira de los setenta.

Con tanto pájaro, se dice haber visto a más de un buitre y alguna que otra urraca, cotorras y loros viejos, la caja mágica podría haberse transfigurado en jaula. Así podrían haber trinado el rock de la cárcel, pero no de Elvis, si no el de Miguel Ríos, que para eso somos tanto de España paña paña! Así, sin comas ni el primer signo de exclamación. Como el lema del congreso, que parece que lo haya ideado la niña de Rajoy desde el whatsapp, si no fuera por su sospechosa coincidencia con el eslogan del BBVA. Para confirmar la suspicacia, es precisamente una de las fundaciones del banco, Fundéu, quien advierte a los populares de la errata. El congreso podía haber terminado al son de soy un truhán, soy un señor. La vida sigue igual.

Como en todos los congresos, hay gente que se queda fuera. En el de los podemitas han visto bajo una farola de Vistalegre a Pedro Sánchez  tarareando me duele la cara de ser tan guapo, echándole guiños y miradas lascivas a todo el que pasaba por allí a ver si le invitaban a algo. Maneras de vivir. Mientras, en el de los populares, era Albert Rivera el que revoloteaba gorgoreando un popurrí. Prometo estarte agradecido, Amante bandido, Si tú me dices ven lo dejo todo, y Hago chas y aparezco a tu lado, era el variado repertorio del catalán, Dicen que se venía arriba con vivir así es morir de amor, por amor tengo el alma herida, soy su amigo y quiero ser algo más que eso, melancolía.

Con tantas canciones de la transición y posteriores, acabo de recordar que Alaska quería encontrar un hombre de verdad y ha terminado con Mario Vaquerizo. Tan mal no me va, pienso, así que cojo el chubasquero y me voy bajo la lluvia a silbar una de mis canciones favoritas de aquellos años. Una de Cecilia, ¿recuerdan?, Mi querida España, esta España mía, esta España nuestra…
Carlos Campano

Un comentario sobre “El cantar de los pájaros

  • el 14 febrero, 2017 a las 4:27 am
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    He leído los cuatro o cinco primeros párrafos. Lo firmo ahora mismo.

    Parece que el artículo lo he escrito yo mismo, menos lo de Pimpinela.

    100 % de acuerdo.

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