Ni formación ni futuro

Un pliego de papel con el membrete de tu Universidad, varias preguntas, y un futuro por delante, o eso nos venden.

 Detrás, cientos de horas de ‘’estudio’’, dedicadas a memorizar un sinfín de párrafos que colmaron en su día el ego creativo, y de paso los bolsillos, del catedrático de turno, y un examen en el que vomitas todo eso que se supone que has aprendido.

Hora y media después abandonas el aula con la cabeza como un bombo y la muñeca adormecida, con el único propósito de encontrar una calificación de más de 5 puntos la proxima vez que eches un ojo al sistema informático de tu facultad.

Dicen los ilustrados desde sus ilustres tribunas que los de mi quinta y yo conformamos eso que llaman ‘’la generación más preparada de nuestra Historia’’.

Pero intuyo que eso es solo lo que dicen. Yo, después de salir de uno de esos absurdos exámenes y tomarme unos cuantos minutos para mí,  confirmo una vez más que, solo a unos meses de graduarme, estoy de todo menos preparado.

Entre estas cuatro paredes de ladrillo que años atrás fueron la cuna del pensamiento, el debate y la creatividad, ya  no se valora la capacidad de razonamiento de los alumnos, no se tienen en cuenta sus aptitudes para analizar una determinada situación, o sus habilidades para resolver un problema que se les plantea en ese campo que estudian.

La oratoria, las argumentaciones, o la formación transversal que demuestran día a día cientos de alumnos brillantes en las aulas de las Universidades españoles no valen de nada si no eres capaz de recitar como un papagayo el temario de turno.

Sé, como alumno que soy, que no estamos preparados, que nuestra formación comenzara cuando podamos abandonar los corsés de un sistema académico totalmente inútil, y sé, que por desgracia, este sistema inútil, anacrónico y absurdo, deja cada curso a muchos alumnos excelentes en la cuneta porque en sus absurdos exámenes no hay un 5 en la esquina superior derecha.

Ojalá algún día uno de esos alumnos alcance el micrófono de esas tribunas desde las que se organiza nuestra vida para hacerles ver a los ilustrados que la formación el aprendizaje y la valía no tienen nada que ver con la memoria.

Ricardo Reis

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